DE MAYO A MAYO

by Felipe Manchón Campillo

 

DE MAYO A MAYO

Madrid, 10 de mayo de 2018

En 1968, cambió el mundo. Un conjunto de movilizaciones sociales de diferente cuño se extendió por todo el globo, y provocó sudores fríos en los círculos más sagrados del poder. Sin embargo, ninguna de estas manifestaciones ha estimulado más el imaginario colectivo que lo ocurrido en París durante el mes de mayo de ese año. Durante varias semanas, los estudiantes, apoyados por los sindicatos y por el Partido Comunista Francés (PCF), tomaron las calles, y lo que empezó como un movimiento espontáneo derivó en una auténtica revolución que, aunque no logró sus objetivos a corto plazo, acabó triunfando. Nada fue igual tras el mayo del 68.

Cuando ha pasado medio siglo, las conmemoraciones por esta efeméride se suceden por todo el mundo. El espíritu revolucionario que se desató en las calles de París durante las semanas que duró la movilización penetró también en la universidad española, y los protagonistas de entonces recuerdan hoy lo ocurrido. Figuras como Jaime Pastor, Antonio Elorza o Clara Ballesteros, que estaban estudiando entonces sus carreras, han continuado marcados todos estos años por lo ocurrido en mayo de 1968 en París, pero también en Madrid y en otros lugares del planeta.

Era un momento de revolución y cambio, y, como en tantas ocasiones en la historia, París era una fiesta. Las movilizaciones del Mayo francés moldearon a una generación, que palpó de forma única la libertad y llegaron a todo el mundo. Incluso el presidente galo, el general Charles de Gaulle, tuvo que tomar decisiones políticas serias como consecuencia de estas protestas. Todo ello tuvo presencia en las charlas organizadas por Encuentros Complutenses en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM del 7 al 10 de mayo, y que ha reunido a filósofos, politólogos, periodistas y artistas en el recuerdo y aprecio de lo acaecido hace cincuenta años.

“No es una revuelta, es una revolución”

Los acontecimientos del Mayo francés empezaron con una pequeña protesta en enero de 1968 en la universidad de Nanterre, en la que Daniel Cohn-Bendit tomó el mando de las movilizaciones, y continuó con el Movimiento del 22 de Marzo, en el que se sumaron reivindicaciones políticas. Sin embargo, la mecha se encendería el 22 de abril, de nuevo en Nanterre. Fue la primera manifestación masiva, con 1.500 estudiantes que protestaban por la detención de varias personas acusadas de atentar contra empresas estadounidenses en el marco de la guerra de Vietnam, y a partir de entonces, la situación se desató, y se extendió a otras universidades parisinas.

El 3 de mayo se produjo la primera gran movilización en la Sorbona, en la que se produjeron por primera vez duros choques entre la policía y los manifestantes, y que acabaron en la detención de 574 personas, y con 481 personas heridas. Tres días después, el 6 de mayo, y después de que varios estudiantes de la universidad de Nanterre fueron llamados por el rectorado en comisión disciplinaria, se produjo otra manifestación violenta en el recinto universitario. Ese día, sin embargo, sería más importante por el apoyo que los manifestantes recibieron, tanto por parte del Partido Comunista Marxista- Leninista y de un sindicato de profesores como por parte de la ciudadanía en ciudades como Estrasburgo y Brest. El clima popular en aquellos días era de apoyo y comprensión a estas movilizaciones.

Daniel Cohn-Bendit, durante las movilizaciones del mayo del 68 (FOTO: Twitter)

A partir del 10 de mayo, los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad se recrudecieron, y las calles de París se convirtieron en un auténtico campo de batalla. En el Gobierno francés, había dos voces enfrentadas en cuanto a la forma de abordar la situación. El presidente Charles de Gaulle era partidario de actuar con dureza contra los estudiantes, mientras que su primer ministro, Georges Pompidou, prefería negociar. Precisamente Pompidou ordenó el 11 de mayo que se reabrieran todas las universidades, un movimiento táctico que perseguía la desmoralización de los manifestantes en el medio plazo. El siguiente paso de los estudiantes fue entonces la convocatoria de una huelga general para el 13 de mayo. Esta huelga, que era inicialmente simbólica, se extendió por todo el país durante varios días, y a ella se unieron trabajadores de todos los sectores.

El Gobierno reaccionó entrando en pánico, pues la protesta estudiantil se estaba convirtiendo en un movimiento transversal, y ello podría derivar incluso en la pérdida del poder. De Gaulle no sabía qué hacer, y, desde la izquierda, se llamaba a la formación de un gobierno provisional dirigido por Pierre Mendès-France. Desde algunos sectores, se temía el estallido de una revolución. El ejecutivo galo decidió entonces negociar una reforma laboral, que introdujo el derecho sindical en la empresa, aumentó el salario mínimo en un 35%, y otras ventajas para los huelguistas. Las diferentes partes aceptaron el acuerdo, y esto rompió el bloque de los manifestantes del mayo del 68.

Charles de Gaulle levanta los puños frente a su público en una manifestación (FOTO: Twitter)

El 30 de mayo, cuando la huelga ya había sido desconvocada, Charles de Gaulle anunció la disolución de la Asamblea Nacional, y la convocatoria de elecciones anticipadas, y, por la tarde, se produjo una manifestación masiva organizada por dos figuras del gaullismo, Michel Debré y André Malraux, en la que el presidente se dio un baño de masas, y confirmó que no se retiraría. Las movilizaciones, tras unas elecciones en las que la mayoría presidencial aumentó su representación, acabarían, aunque quedaría para siempre la sensación de que se había vivido algo histórico.

Pese a Franco, el mayo del 68 también llegó a España

La ola de cambio que se generó en Francia se combinó con otras provenientes de todo el mundo, y también pasó los Pirineos. España era entonces un régimen dictatorial, y Francisco Franco evitaba toda posible ilusión de libertad. Sin embargo, esto no frenaba la creatividad ni espíritu crítico de la juventud española, con un profundo sentimiento antifranquista, y para la cual Francia era el prototipo de la libertad. Por eso, el mayo del 68 también llegó a España, aunque a un nivel menor.

Como en Francia, la universidad fue el lugar donde más activa estuvo la contestación. Durante todo 1968, las diversas facultades españolas fueron hervideros de movilizaciones, sentadas y lo que entonces se consideraba como subversión. El franquismo, consciente de la problemática que para ellos podía tener la ruptura del orden en la universidad, fundó la Policía Universitaria, que empezó entonces su trabajo contra las asambleas organizadas por los colectivos de estudiantes. También empezaron a extenderse las asambleas de Comisiones Obreras (CCOO), sindicato entonces clandestino fundado en 1962, y que contaba con cada vez más apoyo.

El momento central del mayo del 68 en España fue el concierto que el cantautor valenciano Raimon realizó en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología el 18 de mayo. Raimon era una de las figuras más apreciadas por la gente más joven, un cantante perteneciente a la “nova cançó”, como Joan Manuel Serrat y Lluís Llach, y por ello, este espectáculo es recordado como el pináculo de lo ocurrido aquellos días. Un artículo en “El País” publicado con motivo del 40 aniversario recordaba cómo se organizó aquel concierto, por parte de los líderes estudiantiles del momento, como Jaime Pastor, Arturo Mora, o, en menor medida, Carlos Berzosa, rector de la UCM de 2003 a 2011, que organizaron el espectáculo en Madrid, y también otros, como Marta Bizcarrondo, que viajó a Barcelona para convencer a Raimon. Finalmente Raimon cantó, y el concierto fue histórico para todos. Tanto fue así que el propio Raimon escribió años después una canción llamada “18 de maig a la Villa”, para transmitir el ambiente que reinaba esa noche.

Casi al mismo tiempo que en Francia, los movimientos favorables a la libertad perdieron fuerza tras el mes de mayo. El Gobierno franquista castigó al Diario Madrid por informar sobre las movilizaciones estudiantiles con un cierre de cuatro meses, que tornaría en definitivo, y en la voladura del edificio donde se encontraba la redacción del rotativo. Los choques entre manifestantes y policía se recrudecieron, y muchos opositores acabaron entre rejas. Sin embargo, en el relato del camino hacia la democracia, lo ocurrido en 1968 ocupa un lugar privilegiado, y los que eran jóvenes en el 68 ocuparían años después puestos de poder en la construcción de la nueva España.

Reflexión colectiva sobre el mayo del 68 en la universidad

La Universidad Complutense de Madrid, mediante Encuentros Complutenses, decidió organizar, para conmemorar todo lo ocurrido en 1968, poniendo un acento especial en los acontecimientos del Mayo francés. Para ello, se reunió en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología a varias personas procedentes de diversos ámbitos, como el periodista Joaquín Estefanía, la profesora universitaria Mercedes Cabrera, Jaime Pastor, que fue líder de los movimientos universitarios durante el 68, y el exsecretario general de CCOO Antonio Gutiérrez.

Todos ellos aportaron sus puntos de vista sobre la situación, desde el estudio sistemático realizado por Joaquín Estefanía, que quiso encuadrar los movimientos del mayo del 68 dentro de un eje de reforma y contrarreforma, hasta los recuerdos de Jaime Pastor y Julia Varela, quien introdujo el componente feminista dentro de estas movilizaciones, pasando por la canción, presente tanto en diversos vídeos proyectados en las charlas como en la voz de Clara Ballesteros.

El objetivo de esta iniciativa no era otro que acercar a la sociedad de 2018 los valores defendidos medio siglo atrás mediante un programa nutrido que abordó todos los palos posibles, y que insistió en el carácter transversal de las protestas, más allá de cualquier color político, y con un amor compartido por la libertad y la justicia.

Una secuencia de tres movimientos de reforma y contrarreforma

La primera charla corrió a cargo del periodista Joaquín Estefanía, que estuvo acompañado en la mesa por Mercedes Cabrera, catedrática de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos por la UCM y exministra de Educación, y por José Manuel García Vázquez, director de Encuentros Complutenses. En ella, Estefanía desarrolló el tema de su libro “Revoluciones”, recientemente publicado, en el que expone su tesis de que los acontecimientos de mayo del 68 forman parte de una secuencia de tres movimientos de reforma, a los que se añade el movimiento antiglobalización y el fenómeno de los indignados, que fueron posteriormente respondidos por reacciones de contrarreforma que, según el ponente, fueron de una enorme contundencia.

Para Joaquín Estefanía, todos estos movimientos tienen elementos comunes que se han reproducido en todos los escenarios históricos. “Estos movimientos tuvieron todos un carácter global, no se circunscribieron a un solo país, y se contagió a muchas partes del mundo. Además, en todos había un profundo sentimiento antiautoritario. No eran anarquistas en el sentido ideológico del término, pero sí libertarios” declaró el periodista.

Joaquín Estefanía, durante su charla, acompañado por Mercedes Cabrera y Juan Manuel García Vázquez (FOTO: Irene Fernández)

Estefanía también analizó los acontecimientos de mayo de 1968, que insistió en encuadrar en un año de cambio, en el que se produjeron otros eventos, como la invasión de Checoslovaquia por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia en agosto de 1968, la matanza de Tlatelolco en octubre, o los movimientos contrarios a la guerra de Vietnam. La ideología reinante era marxista, aunque se trataba de las tendencias más heterodoxas de esta ideología, como el trotskismo, el maoísmo o el guevarismo, ya que el marxismo moscovita ya estaba muy desgastado. “De hecho – explicó el periodista – los valores eran más de la Revolución Francesa que de la Revolución Rusa”.

“La democracia se ha convertido en algo instrumental”

El que fuera director de “El País” desarrolló posteriormente la contrarreforma que llegó posteriormente a las movilizaciones de 1968, que fue la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos de América. En los otros dos movimientos de reforma, explicó, también se produjeron respuestas reaccionarias con posterioridad, como la llegada de George W. Bush y de los “neocon” al gobierno americano en 2000, como respuesta al movimiento antiglobalización, o la más reciente elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos en 2016, como consecuencia del fenómeno de los indignados, que, para el ponente, fueron más duros que los movimientos que les precedieron.

En la charla posterior con Mercedes Cabrera, Estefanía reivindicó también el legado de lo ocurrido durante las manifestaciones de hace medio siglo. “Del mayo del 68, ha quedado el ecologismo, el feminismo, el respeto a las minorías, la lucha contra la democracia y el pacifismo” defendió el periodista, que señaló también que los valores del 68 han sido combatidos duramente por la ideología conservadora, y por políticos como Nicolas Sarkozy y Esperanza Aguirre, que se propusieron acabar con ellos cuando estaban en el poder. Sin embargo, también reconoció que ha habido muchos cambios desde entonces. El ponente destacó la instrumentalización de la democracia, que antes era un elemento fundamental, pero que ahora se ha banalizado, o la sustitución de la política por la economía como marco social de referencia, y señaló que el desgaste de la democracia representativa ha provocado durante estos años un movimiento que demanda la democracia directa sin intermediarios.

Esta primera conversación finalizó con una reflexión compartida entre Joaquín Estefanía y Mercedes Cabrera sobre la actual sociedad, que ambos definieron como suma de identidades. “Marx se quedaría desconcertado” añadió Cabrera, en memoria del 200 aniversario del nacimiento del autor del Manifiesto Comunista. Tanto Estefanía como Cabrera lamentaron que los partidos políticos estén siendo incapaces de sumar esas identidades, y que se estén beneficiando de ello los movimientos identitarios que, en muchos casos, derivan en partidos ultraderechistas. “Estamos asistiendo al auge de los autoritarismos como alternativa a la democracia, porque la democracia es instrumental, y esto es muy peligroso y da mucho miedo” concluyó Joaquín Estefanía.

“Por unas cuantas horas, nos sentimos libres”

Un día después de la charla de Joaquín Estefanía y Mercedes Cabrera, el tono de la conferencia del martes fue muy diferente. La organización había previsto una jornada en la que se repasaría lo ocurrido durante el mayo del 68 a través de la música que se escuchaba en aquella etapa. Después de la proyección de diversos vídeos en los que se vio a los intérpretes más importantes de esta etapa, la cantante Clara Ballesteros interpretó algunas piezas, que muchas personas del público cantaron, y que recordaron una etapa sin parangón en la historia reciente.

Durante la primera parte del acto, el historiador Antonio Elorza actuó como maestro de ceremonias, explicando el funcionamiento de esta sesión. El vídeo con el que arrancó la sesión recordó el concierto que el cantautor Raimon realizó en la facultad de Ciencias Políticas y Económicas el 18 de mayo de 1968, que el mismo intérprete resumió en una canción escrita años después, y en la que señaló “Por unas cuantas horas, nos sentimos libres, y quien ha sentido la libertad, tiene más fuerzas para vivir”.

Inmediatamente después, se proyectó un documental sobre las movilizaciones en las universidades parisinas durante el mayo del 68, con la presencia de figuras como Daniel Cohn-Bendit, que fue uno de los cabecillas de la movilización, y de Alfred Kasstler, premio Nobel de Física en 1966, que se colocó del lado de los estudiantes y de los sindicatos durante las protestas. Elorza recordó cómo, a partir de la intervención en televisión del primer ministro francés, Georges Pompidou, la televisión pasó a tener prohibido reproducir imágenes de las manifestaciones, lo que no evitó que se produjese una masiva movilización para la liberación de los cuatro estudiantes que habían sido encarcelados con motivo de su participación en las manifestaciones.

De Joan Baez a Chicho Sánchez Ferlosio, pasando por Georges Moustaki

Antes de la actuación musical de Clara Ballesteros, un vídeo recordó algunas de las piezas más emblemáticas de los años 60, como “We shall overcome”, que se originó como una canción góspel, pero que fue adaptada por Pete Seeger y popularizada por cantantes como Joan Baez, “Blowin’ in the wind”, una de las canciones más populares de Bob Dylan, “San Francisco”, de Scott McKenzie, o “Le temps de vivre”, de Georges Moustaki.

Precisamente Moustaki centró una parte de la actuación de Clara Ballesteros, que resumió la vida del cantante francés, fallecido en 2013, como “de mayo a mayo”, ya que nació y murió en ese mes, y su compromiso con el mayo del 68 fue total, y que interpretó una canción suya, “Sans la nommer”. Ballesteros recordó que ella había estado en el famoso concierto de Raimon en mayo de 1968, y, como demostración, enseñó la entrada de ese día, en que había anotado “¡Qué gran día!”. Seguidamente, cantó una de las piezas más emblemáticas de estas movilizaciones, “No nos moverán”, que definió como una pieza de todos, y a la que añadió algunos versos.

Clara Ballesteros, durante un momento de su actuación musical (FOTO: Noelia Ramírez)

La actuación musical finalizó con dos canciones. Una de ellas, “Gallo rojo, gallo negro”, fue escrita por Chicho Sánchez Ferlosio, hermano de Rafael Sánchez Ferlosio e hijo de Rafael Sánchez Mazas, que fue ministro durante los primeros años del franquismo, y que fue un himno contra el franquismo. La segunda es parte de un proyecto del que ella forma parte con personas de todas las edades, Las Malvadas Ardillas, llamada “Apenas si puedo pagar”, en el que denuncia los actuales problemas con el pago del alquiler, el agua y la electricidad. Clara Ballesteros terminó su actuación declarando “Seguimos en la lucha”, y mostrando su entusiasmo por los nuevos movimientos, como las manifestaciones feministas del 8 de marzo, de las que la cantante dijo que hay presente y futuro.

Las semillas que se plantaron en mayo florecieron

Pese a que, sensu stricto, las reivindicaciones del mayo del 68 no consiguieron su objetivo, sí que marcaron un antes y un después, empezando por la política francesa. Las elecciones legislativas dieron una mayoría absoluta inédita para los gaullistas, pero, al contrario de lo que había prometido, Charles de Gaulle prescindió de Georges Pompidou y nombró al frente del gobierno a su ministro de Asuntos Exteriores, Maurice Couve de Murville. Un año después, sería el propio De Gaulle el que abandonaría el poder, tras perder un plebiscito. Pompidou fue elegido para sustituirle. El nuevo presidente nombró como primer ministro al alcalde de Burdeos, Jacques Chaban-Delmas, que puso en marcha el programa de la Nueva Sociedad para reintegrar a los desencantados que se manifestaron el mayo del 68 en la sociedad.

A nivel social, ya nada fue igual. Algunos de los más célebres directores de cine, como Jean-Luc Godard o François Truffaut, plasmaron en sus películas lo que se vivió, e incluso empujaron algunos límites gracias a los aires de libertad que se respiraban. Movimientos como el feminismo se abrieron también paso en aquella sociedad posterior al mayo del 68, e incluso los movimientos católicos de base, espoleados por el Concilio Vaticano II, aprovecharon el clima social para reivindicar el uso de la contracepción.

Uno de los elementos más característicos de aquellas movilizaciones fue el de las pintadas con eslóganes que se podían ver en todo París. Frases como “Prohibido prohibir”, “Las libertades no se otorgan, se toman”, “Incluso si Dios existiese, habría que suprimirlo”, “Bajo los adoquines, la playa”, o “Sed realistas, pedid lo imposible” forman parte ya del imaginario colectivo de la sociedad francesa y mundial.

El senador de los Estados Unidos Bobby Kennedy, que fue asesinado en junio de 1968, pronunció, en un discurso en Ciudad del Cabo en 1966, una impactante frase. “Cada vez que un hombre se levanta por un ideal, o actúa para mejorar la vida de los demás, o ataca la injusticia, está enviando una pequeña onda de esperanza, y cruzándose unas con otras desde un millón de diferentes centros de energía y valentía, estas ondas pueden constituir una gran ola que puede tirar abajo los más poderosos muros de la opresión y la resistencia” dijo RFK, en una cita que podría aplicarse perfectamente al espíritu de mayo del 68, un momento en el que se rompieron las barreras de la imposición y del miedo para hacer posible una sociedad más justa en la que todo el mundo cupiera, y un espíritu que pervive 50 años después.