MUERE ALFREDO PÉREZ RUBALCABA, FIGURA POLÍTICA CLAVE DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA

by Felipe Manchón, Sofía Sánchez y Fernando Morales

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Alfredo Pérez Rubalcaba, exvicepresidente del Gobierno y ministro en los Gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, falleció ayer en el hospital Puerta de Hierro de Madrid a los 67 años. El que fue secretario general del PSOE entre 2012 y 2014 había sufrido un ictus el pasado miércoles, y su estado de salud había empeorado mucho en las últimas horas. Con su muerte, desaparece una figura clave de la política española que protagonizó episodios fundamentales de la historia reciente, como el final de ETA, que hizo posible desde el ministerio del Interior, o la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), aprobada cuando él era secretario de Estado de Educación. 

Su fallecimiento se recibió con profundo dolor y consternación en la clase política española. Desde que su familia informó el jueves por la mañana mediante un comunicado de que el estado de Pérez Rubalcaba era extremadamente grave, el hospital donde estaba ingresado se había llenado de amigos y compañeros de partido que querían estar con él y con su familia. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, volvió antes de lo previsto de un viaje oficial a Rumanía por el empeoramiento súbito del estado de salud de su antecesor en la secretaría general socialista, y se dirigió directamente al hospital Puerta de Hierro. Allí, pasadas las 3 y media de la tarde de ayer, Gregorio Martínez, su fiel jefe de gabinete en el ministerio del Interior, anunció a la prensa que Alfredo Pérez Rubalcaba acababa de morir. En el interior, los gestos de dolor se sucedían. El exministro de Fomento José Blanco, que no podía reprimir las lágrimas, se abrazaba con un compañero de partido, y nadie quería ni podía creer la noticia de la desaparición de su amigo y camarada.

Todos los partidos, salvo Vox, decidieron suspender la campaña electoral para las autonómicas, municipales y europeas del próximo 26 de mayo. En las horas inmediatamente posteriores al fallecimiento de Pérez Rubalcaba, y mientras se preparaba la capilla ardiente que quedaría instalada en el Congreso de los Diputados, se sucedieron las muestras de pesar y las alabanzas a su sobresaliente trayectoria política y personal. Incluso algunos rivales políticos, como el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, reconocieron en él a un adversario admirable y destacaron su responsabilidad de Estado, clave en algunos momentos centrales de las últimas décadas en España. Mientras el país se preparaba para despedirse de uno de sus políticos más inolvidables, todos evocaban en su cabeza el recuerdo de su vida y de su desempeño público.

Despedida multitudinaria en Madrid

Por deseo de Pilar Goya, la viuda de Alfredo Pérez Rubalcaba, la capilla ardiente del político socialista quedó instalada en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, por ser este un lugar en el que el fallecido había desarrollado gran parte de su trayectoria política. Desde primera hora de la tarde, numerosas personas empezaron a concentrarse en los alrededores del Congreso para darle el último adiós. Pasadas las 8 y cuarto de la tarde, el coche fúnebre con los restos mortales de Rubalcaba llegó al Congreso de los Diputados. Allí le esperaba un cortejo formado por diversas autoridades del Estado, como el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, y el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas, y por miembros de su familia y amigos, como su viuda y el exsecretario de Estado para el Deporte Jaime Lissavetzky, gran amigo personal de Pérez Rubalcaba, con el que pasaba los veranos en Asturias. Su féretro, una sencilla caja de madera sin crucifijo, fue introducido en el edificio a hombros de una escolta de policías y guardias civiles por la Puerta de los Leones, que solamente se abre en momentos solemnes, entre una sonora ovación de los allí presentes.

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LLegada del cuerpo de Alfredo Pérez Rubalcaba al Congreso de los Diputados (Foto: Sofía Sánchez Moreno)

Inmediatamente después, empezó el goteo de autoridades y políticos, aunque muchos socialistas, como el exministro de Asuntos Exteriores Javier Solana o el actual titular de Fomento José Luis Ábalos ya estaban dentro del Congreso de los Diputados antes de la llegada del féretro. Uno de los primeros en llegar, abucheado por una parte del público y ovacionado por otra, fue el presidente del Partido Popular Pablo Casado. Poco después, llegaron los Reyes Felipe VI y Letizia, y permanecieron unos minutos en el interior del Congreso de los Diputados. Figuras de la política, como el líder de Podemos Pablo Iglesias, la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena, o el presidente de Aragón, Javier Lambán, de la universidad, como el rector de la Universidad Complutense de Madrid Carlos Andradas y su sucesor, Joaquín Goyache, y de la empresa, como el expresidente de Telefónica César Alierta, se acercaron hasta la Carrera de San Jerónimo para despedirse de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Cerca de las 10 de la noche, las personas que esperaban en una cola que rodeaba el edificio empezaron a entrar en la capilla ardiente. Allí, reinaba un imponente silencio. En el centro del Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, se encontraba el féretro de Rubalcaba, envuelto en una bandera de España y otra del PSOE, y a los lados, se situaban las autoridades, con el Gobierno en pleno, y la familia y amigos cercanos del político cántabro. Pilar Goya atendió amablemente a los que se acercaban a darle el pésame y acompañarla en su dolor. 

Finalmente, para los que lo desearan, el Congreso de los Diputados habilitó dos libros de condolencias a la salida del recinto. Inicialmente, la capilla ardiente iba a permanecer abierta hasta las 10 de la noche, pero la enorme afluencia de gente que quería rendir un último homenaje a Alfredo Pérez Rubalcaba provocó que el plazo se ampliase. Entre las personas que pacientemente esperaban su turno, se vieron muchas rosas rojas, ojos enrojecidos, lágrimas, historias y vídeos de la trayectoria política de Rubalcaba. Como en las grandes ocasiones, Madrid se echó a la calle para darle un merecido último adiós a un hombre inolvidable. 

Un químico en la corte de Felipe González

Alfredo Pérez Rubalcaba nació en 1951 en la localidad cántabra de Solares, aunque muy joven se trasladó con su familia a Madrid. Allí, estudió en el Colegio del Pilar, compartiendo pupitre con figuras como el director de cine Agustín Díaz Yanes o el expresidente del Gobierno José María Aznar, un año más joven que él. Cuando empezó a crecer, descubrió una de sus pasiones: el atletismo. El joven Rubalcaba consiguió una marca récord en la prueba de 100 metros lisos, bajando de los 11 segundos. Fue en esta época cuando empezó a estudiar Química en la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente se doctoraría. En 1979 se casó con Pilar Goya, la mujer que le ha acompañado hasta el final de su vida.

Antes, se afilió al Partido Socialista Obrero Español. La razón por la que Alfredo Pérez Rubalcaba entró en política fue la muerte de su amigo Enrique Ruano, asesinado en 1969 por la Policía franquista. Aquel hecho provocó tal impacto en él que decidió dar el paso. Tras varios años de militancia, llamó la atención de Felipe González, que le nombró en 1986 secretario de Estado de Educación, bajo las órdenes de José María Maravall y Javier Solana, a quien sucedería en 1992 como ministro de Educación y Ciencia. Pérez Rubalcaba ocupó ese ministerio durante menos de un año, ya que, tras las elecciones de 1993, Felipe González le nombró ministro de la Presidencia y portavoz del Gobierno. Durante los peores años del final del felipismo, Rubalcaba fue la cara del Ejecutivo, el que se ponía frente a los medios para justificar en lo posible los casos de corrupción que acechaban al Gobierno socialista. Entonces, siempre negó la relación del PSOE con los GAL.

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Las principales autoridades del Estado esperan en la escalinata del Congreso de los Diputados los restos de Alfredo Pérez Rubalcaba (Foto: Sofía Sánchez Moreno)

Tras la derrota socialista en 1996, Rubalcaba permaneció como diputado por Madrid. En 1999, Joaquín Almunia, que sucedió a Felipe González al frente del PSOE, le nombró secretario de Comunicación del partido e interlocutor socialista con el Gobierno en materia de terrorismo. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en secretario general un año después, renovó su confianza en Alfredo Pérez Rubalcaba, quien asistió al futuro presidente del Gobierno en los asuntos fundamentales de la última legislatura de José María Aznar, en la que se sucedieron hechos como el accidente del Yak 42 o la guerra de Irak. 

Uno de los momentos más importantes de la carrera política de Rubalcaba llegó tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Cuando la versión falseada del Gobierno del PP sobre la autoría de los hechos empezaba a hacer aguas por todos sitios, el político cántabro, como responsable de la campaña socialista a las elecciones del 14 de marzo, dio una rueda de prensa y pronunció una frase que para muchos cambió el devenir de los comicios de aquel año, “Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”. El 14 de marzo, el PSOE fue el partido más votado, y José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en presidente del Gobierno, gracias en parte a la labor de Pérez Rubalcaba.

El ministro del Interior que acabó con ETA

Una de las primeras decisiones de Zapatero como presidente del Gobierno fue la de nombrar a Alfredo Pérez Rubalcaba como portavoz parlamentario del PSOE. Durante dos años, Rubalcaba respondió sin perder un ápice de dignidad a todos y cada uno de los ataques de la derecha, que acusaba al Ejecutivo socialista de estar detrás del 11-M, de romper España y de traicionar a los muertos de ETA con su negociación para el final del terrorismo, la misma que había seguido José María Aznar en su primera legislatura. Fue precisamente esta política la que motivó que, en 2006, Zapatero eligiese a Rubalcaba como ministro del Interior, en sustitución de José Antonio Alonso, que pasó a Defensa, para gestionar el final de ETA. 

Años después de su gestión, algunos miembros de la Policía y la Guardia Civil reconocían a Alfredo Pérez Rubalcaba como el mejor ministro del Interior de la democracia en España. Ciertamente, el político socialista se desempeñó al máximo, llevando a cabo la negociación para el final de ETA al mismo tiempo que mantenía la firmeza en la detención de líderes terroristas, y poniendo en marcha otras políticas, como el carné de conducir por puntos. Como ya hacía cuando estaba en la oposición, Rubalcaba no faltó a ningún entierro de una víctima de ETA, pese a que el Partido Popular seguía acusando al Gobierno de connivencia con la banda terrorista. 

Los momentos más duros de su gestión fueron el atentado de la T-4 de Barajas, el 30 de diciembre de 2007, que hizo saltar por los aires el proceso de paz, y el asesinato del concejal socialista en Mondragón Isaías Carrasco, en plena campaña electoral de 2008. En una entrevista realizada poco tiempo después de dejar la política, Rubalcaba lamentaba no haber podido evitar los últimos asesinatos de ETA, y reconocía cierto sentimiento de culpabilidad por estas muertes. Sin embargo, siempre creyó en la necesidad de buscar la paz en el País Vasco, y por ello, cuando ETA anunció en octubre de 2011 el final de su actividad armada, muchos destacaron el papel fundamental que había tenido Alfredo Pérez Rubalcaba en ese comunicado. Fue el ministro del Interior que acabó con ETA.

De la vicepresidencia a la secretaría general pasando por la candidatura a las generales

Cuando ETA anunció su disolución, Alfredo Pérez Rubalcaba ya no estaba en el Ejecutivo. En julio de 2011, el PSOE le nombró candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones anticipadas convocadas por José Luis Rodríguez Zapatero para noviembre de ese año. Consciente de que las expectativas de victoria socialista eran nulas, el presidente Zapatero se retiró, y dejó como sucesor al ministro más valorado. Zapatero ya había dejado claras sus preferencias meses antes, cuando, en un importante ajuste ministerial, nombró a Rubalcaba vicepresidente primero del Gobierno, en sustitución de María Teresa Fernández de la Vega. El nuevo número dos del Ejecutivo mantuvo también las competencias de Interior en este tiempo. Tras su designación como candidato socialista a la presidencia, Rubalcaba dimitió de sus cargos y se lanzó a la campaña.

El resultado del 20 de noviembre fue el peor obtenido por el PSOE hasta entonces. La formación progresista perdió 4 millones de votos y cayó hasta los 110 diputados, muy por detrás del PP, con una mayoría absoluta de 186 diputados. Pese a esta derrota electoral, Alfredo Pérez Rubalcaba no se retiró de la política, y se presentó a la secretaría general en el Congreso del PSOE celebrado en la primavera de 2012 en Sevilla. Para la sorpresa general, derrotó a la exministra de Defensa Carme Chacón por poco menos de 20 votos, y se convirtió en el líder del partido en el que llevaba cuatro décadas militantes. 

Su etapa como secretario general estuvo marcada por una limitada recuperación electoral, por el estallido de la crisis catalana y por la institución de las primarias abiertas para elegir al candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Frente al choque de trenes entre España y Cataluña, Alfredo Pérez Rubalcaba fue el primero en plantear una tercera vía concreta, el federalismo, plasmado en la Declaración de Granada, en la que el entonces secretario general planteaba una reforma constitucional para construir un federalismo asimétrico con el que resolver la crisis catalana. Todo se interrumpió con la derrota del PSOE en las elecciones al Parlamento Europeo en 2014, tras las cuales Rubalcaba se vio obligado a dimitir y convocar unas primarias para elegir a su sucesor, coincidiendo con la abdicación de Juan Carlos I como Rey. Pedro Sánchez ganó aquellas primarias, y Alfredo Pérez Rubalcaba dejó definitivamente la política.

El regreso a la universidad

Al contrario que muchos políticos que pasan a la empresa privada cuando abandonan el poder, Alfredo Pérez Rubalcaba decidió volver a su vida de antes, la docente. Tras más de 30 años dedicado a la política, el ministro Rubalcaba se volvió a convertir en el profesor Rubalcaba, regresando a la facultad de Química de la Universidad Complutense de Madrid. Allí aspiraba a retirarse, a pasar los últimos años de su vida profesional antes de jubilarse. Como profesor universitario, Rubalcaba aplicó el mismo poder de seducción que tenía cuando era político, y, como declaró en su discurso de comienzo de campaña como candidato socialista a las elecciones generales de 2011, la educación se convirtió en su prioridad.

Nunca perdió del todo el contacto con la política ni con la actualidad, entrando a formar parte del Consejo Editorial de El Paísen 2016. Advirtió contra un acuerdo político de Pedro Sánchez con Podemos y los independentistas, que él bautizó como Gobierno Frankenstein. Tras la caída de Sánchez por el golpe interno de octubre de 2016, apoyó a Susana Díaz como candidata a la secretaría general en las primarias socialistas de mayo de 2017 vencidas de nuevo por Pedro Sánchez. En su intento por reconstruir las relaciones con las viejas figuras del PSOE, Sánchez propuso a Alfredo Pérez Rubalcaba que liderase la lista socialista al Ayuntamiento de Madrid. Rubalcaba rechazó la oferta, la política ya era pasado para él.

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Fachada del Congreso de los Diputados (Foto: Sofía Sánchez Moreno)

El pasado miércoles, Alfredo Pérez Rubalcaba acudió como cualquier día a la facultad de Química. Dio clase, y habló con algunos amigos del resultado del partido entre el Barça y el Liverpool de la Champions League. Nada hacía presagiar que esa misma tarde sufriría el ictus por el que ha acabado falleciendo. Pero lo cierto es que, hasta el final, el profesor Rubalcaba se mantuvo al pie del cañón, dando clase y bromeando. Profesional hasta el último momento, así era él.

El legado de Alfredo Pérez Rubalcaba

Hoy a las 2 de la tarde se cerrará la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba, y el exvicepresidente y exministro emprenderá su último viaje, aún no especificado al cierre de esta edición. Le acompañarán a buen seguro los compañeros de partido que corrieron a visitarle en cuanto sufrió el ictus y que no se han apartado de su lado hasta el final. El luto oficial se mantendrá hasta las 12 de esta noche. Mañana, se reanudarán todos los actos de campaña, en la batalla por el poder territorial que se decidirá dentro de dos semanas. En el PSOE, el luto durará un poco más, y algunos compañeros tardarán en superar la inesperada muerte de Rubalcaba, alguien con el que siempre podían contar, una referencia para veteranos y noveles, un modelo de seriedad y sentido de Estado sin par, un hombre que estuvo en el corazón de las grandes decisiones tomadas en los últimos años en España, y que estuvo al lado de dos de los tres presidentes socialistas españoles, que confiaban en él y apreciaban su capacidad y su juicio.

El fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba ha provocado que se bajen las espadas, y que aquellos políticos que le criticaron duramente durante su gestión, llegando incluso a acusarle de haber organizado una policía política para espiar a los miembros de la oposición, reconozcan hoy su ejemplo. Preguntada sobre el legado que el político deja, Elena Valenciano, que fue su número dos en el PSOE, destacaba de él que nunca huyó de los temas espinosos y que siempre trabajó por la reforma, el progresismo y la paz. Su tiempo como el hombre más importante del Gobierno estuvo plagado de momentos difíciles, como la reforma del Estatut de Cataluña o la llegada masiva de cayucos a las fronteras españolas en 2008

Lo que ha quedado claro tras la triste muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba es que todos tienen un recuerdo de él, todos tienen una imagen con la que se quedan. Para unos, se va el amigo, el compañero de partido, el madridista empedernido, el que siempre estaba. Para otros, se va el maestro, el que animaba a la juventud española a creer en ella y no conformarse con los negros pronósticos actuales, el que inspiraba a sus alumnos en sus clases. Para otros, se va la referencia política de una generación, el orador ácido y cómico, el ministro esforzado, el socialista ejemplar. Pero para todos, se va alguien muy especial, y su fallecimiento ha sumido de tristeza a una parte importante de la sociedad española. Probablemente es por eso por lo que el Congreso de los Diputados hoy se ha llenado de personas que querían homenajear a una persona especial y única que se ha ido físicamente, pero cuyo espíritu seguirá vivo para siempre. Hasta siempre, Alfredo.

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