CARTA

by Irene Monmeneu

Carta de la directora 2017:

OBJETIVO 2018, UN PACTO DE ESTADO PARA LA SANIDAD

Yolanda Martínez Solana

La calidad de la sanidad española tiene poco,por no decir nada, que envidiar a la de los países de nuestro entorno. Desde que se aprobó la Ley (14/1986) General de Sanidad,España entró en el club de los países que brindan a sus ciudadanos el doble objetivo de proteger la salud y prevenir enfermedades. En este orden, no como creía una titular de la cartera de Sanidad y Consumo, que afirmaba que el objetivo del SNS era proteger la enfermedad y prevenir la salud.

Partiendo de una situación que daba por buena  la fragmentación de la sanidad, en la que grandes bolsas de población carecían de asistencia sanitaria gratuita,logramos construir un Sistema Nacional de Salud, basado en la equidad. Con las características de financiación pública, universalidad, calidad y seguridad de sus prestaciones, se garantiza que la atención sanitaria se hace en función de las necesidades que tenga el paciente y no de su nivel de renta.

Pero han transcurrido tres décadas desde la aprobación de la LGS. Los cambios demográficos y las decisiones políticas han afectado al sistema sanitario. La pirámide poblacional muestra un gran envejecimiento de la sociedad y, de la mano, hay un incremento del coste de las necesidades sociosanitarias de nuestros mayores. 

Por otra parte la descentralización sanitaria,derivada del estado autonómico, se cerró en falso. O lo que es lo mismo, la Administración Central no tuvo la previsión de reservar para el Consejo Interterritorial Sistema Nacional de Salud, la capacidad de ser el órgano decisorio español, no un ente consultivo en el que las CCAA se plantan, como sucede ahora. Por este motivo las diferentes Comunidades Autónomas  adoptan decisiones unilaterales y por lo tanto, no se garantiza que las prestaciones estén armonizadas. Una de las muestras más evidentes de la descoordinación, es que no existe un calendario vacunal para toda España. Suena extraño, pero es así.

El escollo principal de los sistemas sanitarios, en la actualidad, es su sostenibilidad financiera. Cíclicamente resuenan jeremiadas apocalípticas, que ponen en tela de juicio el futuro del SNS. No debemos resignarnos a que la sanidad pública dependa de una rentabilidad económica. No podría pasar por un stress test bancario, pero seguro que sacaría matrícula de honor, si lo que medimos es su rentabilidad social.

La conciencia de tener una asistencia sanitaria de calidad, debería ser el mayor incentivo para conjurarnos en defenderla. Existen tensiones financieras, seguro. Pero ante estas la reacción tiene que ser proactiva, hay que involucrar a todos los partidos políticos del arco parlamentario, en una especie de pacto de Toledo sanitario, con luz y taquígrafos, que garantice su futuro sin sobresaltos, en todo el territorio español. La población española, en 50 años, ha dejado de ser atendida por la beneficencia, por la sanidad dependiente de los ayuntamientos…y de vivir la carencia de recursos económicos para acceder a los medicamentos que necesitaba. Ahora la responsabilidad es de los políticos, deberían mimar lo que tanto costó construir. No nos merecemos una sanidad  “con freno y marcha atrás”, como imaginó Jardiel Poncela.