Columna literaria Esencia humana XXIII

La otra Antártida

Es cierto que la mayor parte de las aguas de nuestro planeta permanecen inexploradas. Eso incluye las aguas congeladas también. Puedo dar cuenta de ello gracias a la expedición que realicé a bordo del Challenger hace ya largos años. La tripulación náutica era numerosa, lo necesario para hacer navegar una embarcación que intentaba abrirse paso a través de los casquetes polares de la Antártida. Sin embargo, tan sólo éramos dos los oficiales de la armada que debían encargarse de la misión.

Elik G.Troconis
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Colaboración XXII para la columna literaria Esencia humana

 

Desorejado

 

   —De veras, sale mejor que un pinche chamaco. Eso ya es viejo, nadie se lo cree.

   —¿Y a poco esto sí?

   —Sí, carnal. ’ira, por ésta —se llevó la mano en forma de cruz hasta la boca—. Yo mismo la hago.

   —¿Y qué tal?

   —No te me vas a arrepentir.

   —Pero dame uno chido, uno que parezca de reyes.

   —Nel, tiene que ser callejero. Los chidos no dan lástima. Es toda una ciencia.

   —A ver tu ciencia.

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia humana" XXI

La Clef de champs

Estimada Nerea Domínguez, editora de Infoactualidad:

Aprovechando la oportunidad de saludarte, me permito explicar lo que en esta ocasión te remito para que sea publicado en mi columna semanal “Esencia humana”. Bien sabes que soy historiador de profesión y podrás suponer que mis inquietudes académicas me impiden poner un pie en cualquier lugar sin preguntarme por las personas que han estado en él antes que yo. Te cuento, pues, que en días recientes me sumergí en el archivo histórico del Museo Thyssen-Bornemisza y, tras dos horas de hurgar entre fojas antiguas, di con un documento que cautivó poderosamente mi atención: se trata de un texto escrito a lo largo de 14 papeletas de quejas y sugerencias firmado por nadie menos que Rómulo Linares. Sí: el ilustre viajero y escritor mexicano, autor de la famosa novela satírica Los engañados, también de sobra conocido por su parentesco con el ensayista Jorge Luis Vasconcelos.

Elik G. Troconis
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"Esencia humana" XIX

 

El minero

A las dos de la tarde camino por Arenal en dirección a la Plaza de Oriente. Dejo atrás metro Ópera y la estatua de Isabel II. Entro por Carlos III y, con el Teatro Real a mi derecha, veo que hace tan buen día, que los madrileños, los chulos, han salido a disfrutar esta tarde que les regala el imprevisible invierno. Los pastos que rodean la Plaza rumbo al Palacio están todos cubiertos por amigos, novios o lectores que disfrutan un momento de tranquilidad. Los niños pasean sin darse cuenta por las jardineras donde está prohibido el paso mientras sueltan risas inocentes. Las bancas alrededor están ocupadas por parejas que ya trabajaron toda su vida; casi no hablan. ¿De qué podrían conversar después de tantos años y de saber tanto del otro?

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia humana" XIX

 

 

 

 

Sí llego (Segunda parte)

Tenía que llegar a casa pronto, antes de que aquello terminara regado por todas partes. En ese momento odió la vida nocturna de Madrid y cada una de sus tabernas. Maldijo todas las cañas que había bebido hasta entonces y quiso vomitar los cientos de pinchos que había comido en El Tigre y tantos otros sitios. Lamentó que a pesar de ser una capital, Madrid aún tuviera el espíritu de un pueblo. ¿Por qué tanta calma? Arremetió con cuantas groserías pudo contra la pereza de sus habitantes, unos verdaderos chulos.

Elik G. Troconis
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