Columna Literaria "Esencia Humana" VI

 

 

 

De mar a mar, entre los dos la guerra

 

—¿Qué hace falta para que te decidas? —Ella permaneció en silencio.— Tienes que hacerlo. No podemos estar juntos así.

    —Pero es mi esposo, David. No puedo.

    —Es el o yo. Y por como están las cosas, si no lo haces tú, lo hará él. Después de como se puso ayer, no estás segura.

    —Pero no puedo hacerlo yo. Tal vez…

    —No, ya te lo dije: tú puedes hacer que parezca un accidente, pero si yo muevo un dedo, será obvio.

    —Pero si él muere y cualquier cosa sale mal… David, yo me quedaría sin nada. No tengo un centavo.

    —Calla. Lo mío será tuyo. No tienes que preocuparte por nada.

    —Entonces… 

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia Humana" V

 

 

 

El infinito

—¿Usted qué quiere? —dijo con una voz tajante y dura, que había ensayado expresamente, a solas ante el espejo de su habitación, una semana antes de obtener la graduación de coronel.

    —Vengo a… —intentó decir el soldado, cuya resistencia a la agresividad del coronel sólo lo había molestado más.

    —¿No va acaso a saludar, soldado?

    —Señor, creo que…

    El coronel Mijail Esvetóvich golpeó el escritorio con la palma extendida y se puso de pie en una décima de segundo.

    —No está usted para creer. Su trabajo es otro.

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia Humana" IV

 

 

 

 

CIENTÍFICO RUSO CREA ZAKAZ, LA NUEVA APP TOTALIZADORA

Moscú. El doctor Tzvetan Prokóvich ha logrado el adelanto del siglo. Apasionado del orden y amante de los afanes clasificadores de la Modernidad, ha desarrollado una aplicación para equipos de cómputo que organiza de forma inteligente los documentos del usuario. ¿Acaso no se ha enfrentado usted a estos problemas? ¿Nunca ha dudado si poner la última foto de su hijo en el álbum “Juanito a caballo” o mejor en las carpetas de fotos que organiza por mes? O cuando encuentra un verso del que ha quedado absolutamente enamorado, ¿lo incluye en “Poemas favoritos” o en “Frases favoritas”?

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia Humana" III

 

 

 

 

Puerta del Sol, un día cualquiera

—¡Pé-peroni! —grita Mario con efusividad tan pronto como ve a un joven acercarse.

    Mueve la mano de un lado al otro, salta de forma graciosa y le hace señas para que se acerque a tomarse una foto con él. Tan pronto como capta la atención de su presa, Luigi corre hasta ellos desde el otro lado de la plaza para posar a su lado. Los papás del muchacho sacan el celular y disparan varias veces para fotografiar a su hijo al lado de Mario y Luigi con la estatua ecuestre de Carlos III en la Puerta del Sol como fondo. Los señores pintan sonrisas tan grandes que parece que saldrán de su cara. Después, con el mismo movimiento con el que el padre guarda el teléfono, saca unas cuantas monedas, cuyo valor real le cuesta trabajo calcular por la conversión de divisas que debe realizar mentalmente. Presionado por la mirada italiana, extiende cuanto encuentra, musita una palabra de agradecimiento y se aleja feliz con su familia.

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia Humana" II

 

 

 

Cristiano

Todos lo observan entrar al vagón. Pantalones de mezclilla rotos, una playera del Real con el número 7, una diminuta mochila deportiva a la espalda, cabello rapado de los lados y un gran copete arriba. Pero nada de eso coincide con el cuerpo en el interior de las prendas: un viejo que mueve las piernas con dificultad y al que le toma varios segundos llegar al asiento preferencial al lado de la puerta. La mirada del resto de los pasajeros lo acosa. Él se sume en sus años. Dos mujeres frente a él murmuran.

El anciano explora su mochila; de ella se asoman dos papeles. Tose con fuerza, como expulsando la vejez. En la siguiente estación, entra otro pasajero, cargando la edad a cuestas, pero viste traje y corbata para llegar a su trabajo en algún rincón de Madrid. Inclina la vista hacia el futbolero; lo observa con desprecio y no le dirige otra mirada en todo el camino. Un grupo de niños recién llegados ríe al fondo del vagón.

Él baja al final de la línea mientras los últimos pasajeros desean nunca llegar a lucir tan ridículos. Pero él no presta atención: él sólo espera que esa tarde su nieto vea a Cristiano anotar en el Bernabéu.

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia Humana" I

 

 

 

 

­­La extremaunción de Don Juan

A un lado del lecho, el Padre Nicolás comenzó a recitar las debidas oraciones. Don Juan respiraba cada vez con mayor dificultad. La futura viuda, del otro lado de la cama con óleos perfumada, lloraba la pérdida inminente. Afuera de la habitación, el pueblo entero esperaba las noticias funestas; estaban todos emparentados por ser ahijados de Don Juan, ya fuera de bautismo, primera comunión, confirmación o incluso boda.

De pronto, el moribundo arrojó un suspiro en un intento por hablar. Su mujer le tomó la mano, pero antes de que se inclinara hacia él, Don Juan la detuvo con la poca fuerza que le restaba en el brazo. En cambio, miró al sacerdote, quien llevó su oreja al lado de los labios de Don Juan. Los ojos de la esposa se secaron y crecieron como dos lunas llenas mientras sus dedos despreciaron la mano de su marido.

Don Juan sólo le expresó tres palabras al Padre Nicolás:

    —No soy cristiano.

El párroco se irguió lentamente. Tomó una de las manos del hombre y la abrazó con las suyas apenas un segundo antes de que la mujer se convirtiera en viuda de manera oficial, exactamente con el repicar de las campanas de medio día. Ella miró al sacerdote.

    —¿Qué le dijo?

Él se puso de pie, marcó la señal de la Santa Cruz y abandonó el lugar. La viuda arrancó detrás de él mientras la muchedumbre entraba cual cascada a llorar a su padrino.

Elik G. Troconis
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