Columna Literaria "Esencia Humana" VII

by Elik G. Troconis

 

 

 

 

La del 305

Esa doña lleva todo el día viendo por la ventana. El cielo, el piso de al lado, los vecinos de abajo… No sale al balcón; se queda ai parada frente al cristal de la puerta, detrás de esos lentezotes de anciana que tiene. Hace rato se asomó en piyama. Yo creo que veía el cielo para saber cómo iba a estar el día y qué ponerse. Tiene una piyama idéntica a la de mi abuelo, de lana, como si no hubiera calefacción en las casas. A los viejitos nomás no los alcanza la tecnología. Al rato salió con bata y con tubos de colores en la cabeza, ya bañada, como para asegurarse de que su pronóstico se fuera cumpliendo, aunque no había pasado más de media hora. Se estaba lavando las orejotas con una de esas cosas… ¿cómo se llaman?… hisopos. 

    Mírala, ai anda otra vez. ¿Qué tanto ve la doña? Parece como si estuviera esperando a que alguien saliera. Aistá quietecita. Nomás mueve la cortina y se asoma un minuto antes de voltearse e irse, como si ya hubiera visto lo que buscaba. O como si no lo hubiera visto y supiera que tiene que regresar en otro rato para ver si ahora sí.

    Y otra vez. No han pasado ni diez minutos y ai anda de nuevo la doña. Hasta parece preocupada, como si estuviera checando el arroz con miedo de que se le queme y aistá, levante y levante la tapa. Pero ahora ve nomás para un lado. Y se rasca la verrugota que se le alcanza a ver desde aquí en la barbilla, como si estuviera meditando algo bien importante hasta que se va y se ve su pura falda alejándose.

    ¡Chingao! Ya salió de nuevo… Y yo que me distraigo tan fácil. Debería estar haciendo tarea en lugar de ver a la doña que quién sabe qué quiera. Ahora me ve a mí. ¿Qué chingados? ¿Qué, qué? Aunque esta vez trae un trapo en la mano y limpia el cristal de la puerta. Pero a mí no me engaña: ni siquiera se está fijando en cómo lo hace. Nomás sigue ai de mirona, con la vista lejos del trapo ese. Le da tres pasadas y se aleja. ¿Y el otro cristal? ¿Ya ve cómo era pura finta?

    ¡Ya estuvo, doña! Póngase a hacer algo de provecho. Aquí afuera no hay ni perro que le ladre… ni siquiera viejo que le llame. ¿Qué tal que se mete a su casita y deja de andar viendo si sus vecinos hacen o no hacen? ¿Eh? Métase y no ande de chismosa, ándele. De perdida vea al mismo lugar para que sepamos que espera algo. O mejor saque su silla y un café para saber que nomás anda de mirona, esperando que pase algo para que valga la pena su día. De verdad, doña, o se mete y deja de chismear o le juro que la hago personaje de un cuento.

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