Columna Literaria "Esencia Humana" IX

by Elik G. Troconis

 

 

 

De mariposas a orugas

Antaño, los filósofos servían a los dioses: eran los bufones de la corte celestial. Disfrazados, lanzaban bromas entre las que se asomaba la verdad. A Zeus le contaban historias de supuestos seres humanos que eran incapaces de ser fieles a su pareja, a Afrodita le hablaban de mujeres vanidosas y a Hefestos le describían a los hombres más deformes que nacían a la Tierra.

    Hasta que un día Atenea hizo ver todo a sus pares. Entonces, la cólera fue tal, que no dudaron en hundir a los filósofos en la peor de las miserias. Los despojaron, primero, del fuego de su alma y con ello palidecieron hasta perder su color. Les arrebataron, después, el brío que los hacía saltar con gracia hasta reducirlos a vegetales inmóviles. Y, por último, los privaron de la palabra, de la única arma que habían esgrimido durante tantas tardes para burlarse de aquellos seres que se creían superiores.

    Almas ya sin razón de existir, fueron exiliados al mundo que habitaban los otros seres humanos. Hoy los llamamos “mimos”: están ahí, silenciados, no silenciosos; blancos, sin necesidad de maquillarse; llorando una lágrima que simboliza una cascada de tristeza; dibujando con las manos la caja en la que se encuentran aprisionados, la caja de la realidad que sólo ellos ven y que no pueden comunicar. Están ahí, pero ya no pueden reír.

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