LOS DINOSAURIOS RENACEN EN MADRID

by Fernando Fraile

14 de marzo de 2019

Se dice que la historia de nuestro planeta está escrita en piedra. Aquella que se encuentra bajo nuestros pies y tanta información alberga. Las piedras, tan inadvertidas como esenciales, son solo el telón que nos descubre lo que en un día fue nuestro mundo. Para los más estudiosos y soñadores, un inexorable viaje entre criaturas de envergaduras nunca imaginadas. Acometer este tipo de expediciones ha dejado de ser un hecho utópico, gracias a Jurassic World Exhibiton.

Es una tarde gélida de marzo y el parque jurásico completará, por última vez, la rutina a la que desde el 17 de noviembre ha venido realizando: abrir su puerta metálica teñida por las rojas llamas que iluminan y disuaden a los hambrientos depredadores de la zona.

El reloj marca el final de la cuenta atrás y el griterío desenmascara el embarque necesario para zarpar hasta Isla Nublar, la cuna desarrollada por Steven Spielberg. Con el cese del ruido del motor y la pesada puerta ya levantada, el silencio se ve trabado por los murmullos de asombro de los turistas que allí nos encontramos.

Se trataba efectivamente de la experiencia inmersiva más realista y detallada de los últimos tiempos. Los más de un millón y medio de visitantes que pasearon por las densas selvas reconstruidas en cualquiera de las cinco ciudades por las que ha pasado esta exposición, lo avalan. Todo comenzó en 2016 cuando en Melbourne, Victory Hill junto a la NBC emprenderían un proyecto que rápido superaría todas las expectativas.

El tour internacional ha desembarcado hasta nuestra ciudad de Madrid desde el centro de IFEMA. Además, cabe destacar que la movilización de alrededor de 75.000 personas en menos de un mes supuso la ampliación de las fechas hasta marzo.

Todos los afortunados de viajar en el tiempo, gracias a este proyecto donde ha colaborado el renombrado paleontólogo Jack Horner, pudimos ver autómatas de dimensiones reales y aún más terroríficos de lo que aparentan ser en la gran pantalla.

Entre el mar de hojas y sus tibios movimientos, que parecían dar aún más vida al bosque, un mástil de casi doce metros navegaba entre la marea verde, vigilando con sus diminutos ojos a los visitantes ansiosos por descubrir los secretos que nos iba a deparar nuestra estancia en la exposición. Con movimientos articulados, el Diplodocus y su gentil cuello parecían dar la bienvenida a la ilusión que brotaba de las almas tan puras de lo niños, y los no tan niños.

Continuando con nuestro recorrido, los inofensivos pero esbeltos dinosaurios, que tanto respeto generaban con sus nobles bramidos, guiaban nuestros pasos por una senda silvestre y colorida donde la tranquilidad y felicidad caminaban de la mano. Sin embargo, una atmósfera de terror comenzaba a ahogar nuestra paz interna debido al incesante parpadeo de unas luces que personalizaban al mismísimo peligro.

Allí estábamos todos: paralizados frente a un muro de hormigón frente al cual rebotaban los estridentes estruendos de la alarma. El sonido de los pasos delataban que aquello que se aproximaba no era precisamente ligero. Entonces se hizo el silencio. Un reptil desproporcionado de 8 metros de altitud se encontraba frente a nosotros. Cada centímetro de su gruesa piel, la cual se mimetizaba con el humo del ambiente, parecía disipar cualquier duda de fantasía. Sus poderosas fauces nos hacían sentir el mismo miedo con el que la humanidad habría convivido durante la Era Cretácea. El Tyrannosaurus Rex había hecho su estelar entrada.

Es entonces cuando la mítica cita de Chris Pratt, en una de sus últimas intervenciones en la saga de Jurassic Park: "si no consigo volver, recordad que vosotros me enviasteis", parecía resonar en nuestras mentes como el mantra que tantas veces hemos escuchado. El típico tópico de "te lo dije". No obstante, el centelleante flash de nuestros dispositivos móviles nos hacía volver de ese sueño en el que la racionalidad no era más que un mero espectador. Un sueño que tan real parecía.

Jurassic World Exhibition es sin lugar a dudas la perfecta materialización de aquellas quimeras que todos, en mayor o menor medida, hemos tenido en algún momento respecto al fascinante mundo de los dinosaurios. Un sueño que cada vez parece menos remoto.

 

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