Columna literaria "Esencia humana" XIX

by Elik G. Troconis

 

 

 

 

Sí llego (Segunda parte)

Tenía que llegar a casa pronto, antes de que aquello terminara regado por todas partes. En ese momento odió la vida nocturna de Madrid y cada una de sus tabernas. Maldijo todas las cañas que había bebido hasta entonces y quiso vomitar los cientos de pinchos que había comido en El Tigre y tantos otros sitios. Lamentó que a pesar de ser una capital, Madrid aún tuviera el espíritu de un pueblo. ¿Por qué tanta calma? Arremetió con cuantas groserías pudo contra la pereza de sus habitantes, unos verdaderos chulos.

    Le llegó otro cólico. Después vio a lo lejos un bar que parecía abierto. Ahí estarían los que seguían borrachos o los que intentaban curarse la cruda. Aún faltaba bastante para llegar a casa. Debía entrar. Pero se imaginó abriendo la puerta y preguntándole al dependiente: “¿Puedo usar el baño? Es una emergencia.” Pero seguro que él lo miraría con recelo y, con ese tono de los españoles que a cualquier latino le parece el ladrido de un perro exageradamente molesto, musitaría algo que él no podría entender entre sus dificultades con el acento y su urgencia por resolver el problema. “¿Emergencia?”, quizás preguntaría enfadado. Para tener una emergencia en España había que estudiar mucho las leyes, tener los brazos del tamaño de la pierna de cualquier mortal, medir más que el promedio y presentar un duro examen de oposición que permitiera obtener el cargo de policía. Ningún otro podía tener una emergencia; vaya, no una que mereciera la pena ayudarle a resolver. Mucho menos un extranjero. De ninguna manera: era arriesgarse a perder demasiado tiempo y, en sus circunstancias, eso podía resultar fatal.

    Siguió corriendo, no como Rocky Balboa, ni siquiera como Forrest Gump. Corría, más bien, como un pollo espinado porque, como podrá adivinar cualquiera que tenga un poco de imaginación o de sentido común, el movimiento de correr hace que la gravedad opere con mayor fuerza. Así que con cada paso, con cada golpe de sus pies sobre la tierra, él sentía cada vez más abajo su carga.

    Corrió, pues, como pudo, contrayendo cada músculo del cuerpo, especialmente el abdomen. Miró a un lado y encontró la placa que marcaba el punto del recorrido donde se encontraba. Aún faltaban 2.3 kilómetros para llegar a la altura de su casa. Su pinche madre. ¿Cómo era posible que hubiera espacios verdes tan grandes en Madrid? Tanto terreno desperdiciado donde podría haber oficinas, conjuntos habitacionales o cualquier otra cosa. Baños, por ejemplo. ¡Baños! Tantos kilómetros de arbolitos que no servían más que para hacerlo sufrir.

    Pasó por las barras. Nel. Con subir en una dominada se le habría caído todo el paquete. O se le saldría con una exhalación al empujar en una lagartija. Siguió de largo, con esos pasos de pollo espinado. Comenzó a pensar qué sucedería si no alcanzaba a llegar. Me cago. ¿Aguantarían los calzones? Tal vez era mejor no imaginar nada de eso. Sí llego, sí llego.

    Finalmente vio la salida de la pista que conducía hacia su casa. Ya casi. Sólo faltaban un par de cuadras. Ya merito. Pero se encontró con esas esquinas en las que no había cruces peatonales. Chingada madre. No le importó. Cruzó donde quiso para ahorrarse los valiosos segundos que podían hacer la diferencia. Llegó hasta la puerta del edificio. El elevador estaba en el piso más alto. No mames. Valoró si esperar más tiempo o usar las escaleras a pesar de los bruscos movimientos que implicaría eso. El elevador no se movía. Escaleras. Subió apretando todavía más. Sí llego. Cuarto piso. Uno más. Caminó hasta la puerta y metió las llaves como pudo. Ya casi. Entró desesperado. Ahí voy. A medio pasillo oyó la regadera. Hijo de la chingada. Llegó al fondo. Me vale madres. Pero la puerta estaba cerrada con llave y su compañero tenía música a todo volumen.

    Él dice que logró aguantar. Quién sabe. Ya no le quise insistir. Después de todo, era el amigo de un amigo. ¿Cómo le iba yo a preguntar más detalles? Pero sí, Madrid puede ser cabrona.

Deja tus comentarios

Enviar un comentario como invitado

0
terminos y condiciones.

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios