MADRE E HIJA

Éramos los tres. Josefina, Bingo y yo. Juntos en ese apartamento pequeño pero confortable que se convirtió en nuestro mundo. Nos replegamos por aquellas circunstancias, buscando refugio en un continuo interior doméstico. Primero caí yo. Hace unos ocho años, si mis cálculos no me fallan. El dolor se instaló en mi cuerpo y ya no me deja tranquilo. Después fue el turno de Josefina. Como no teníamos que preocuparnos por dinero —bastaba mi pensión por incapacidad para sostenernos—, ella se dedicó tiempo completo a la enfermería y al mantenimiento del piso. Su rutina se dividía entre la limpieza de la casa, la preparación de la comida y las atenciones que me dedicaba en los intersticios de esas dos ocupaciones.

JUANITA HINCAPIÉ MEJÍA (MUEC, 2018)
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