MACRON CAMBIA LA MARCHA DE FRANCIA

by Felipe Manchón Campillo

FELIPE MANCHÓN CAMPILLO

El 9 de noviembre de 2016, el mundo se despertó conmocionado por las noticias que llegaban de Estados Unidos. Al contrario de lo que habían señalado todos los pronósticos, el candidato republicano a la presidencia, el magnate Donald Trump, había ganado las elecciones. El mundo se enfrentaba entonces a una etapa desconocida y peligrosa. El domingo, Francia evitó un nuevo desastre político al elegir por amplia mayoría al centrista Emmanuel Macron como su nuevo presidente, derrotando a la ultraderechista Marine Le Pen. Con el triunfo del exministro, Francia cierra una de las campañas más convulsas y tensas de su historia, en la que nada ha sido como parecía en un principio, y abre cinco años que se presentan tensos y difíciles para el nuevo mandatario.

1º

El presidente electo de la República Francesa, Emmanuel Macron (Twitter)

En todo caso, Emmanuel Macron, que tiene 39 años, consiguió el domingo un 66,1% de los votos, frente a un 33,9% de su rival. La victoria del candidato de En Marcha se daba por descontada hace dos semanas, cuando venció la primera vuelta, pero aun así, la confirmación de los resultados trajo un suspiro de alivio entre la mayoría del pueblo francés, que no quería que el Frente Nacional llegase al poder. El nuevo presidente consigue de esta manera completar un ascenso meteórico en la política, con un triunfo innegable en sus primeras elecciones, y de la mano de un partido que nació en abril de 2016 y que pese a todo ha logrado reunir una mayoría para esta elección. Cuando tome posesión, al final de esta semana, será el jefe de Estado más joven de su país desde Napoleón Bonaparte.

La campaña electoral de esta segunda vuelta ha estado marcada por la pérdida de fuerza del “frente republicano”, que llama a unirse frente a los candidatos del Frente Nacional, y por la incertidumbre acerca del resultado. El aparente exceso de confianza de Macron en los primeros compases de la nueva campaña provocó que Le Pen subiera algo en las encuestas, y metiera el miedo en el cuerpo a muchos en Francia. Todo cambió a mitad de la semana pasada, cuando Emmanuel Macron consiguió subirse a una ola de popularidad, y llegó a la línea de meta con mucha más fuerza que su rival. Empieza una nueva era en Francia.

Le Pen, protagonista de la primera semana de campaña

La noche del 23 de abril fue muy larga en París, en el cuartel general de En Marcha, donde Emmanuel Macron, flamante ganador de la primera vuelta de las elecciones, celebró con los suyos su victoria, y pronunció un discurso triunfante que para muchos fue precipitado, pues quedaba la segunda vuelta. Los primeros sondeos para la segunda vuelta sonreían al socioliberal, que se beneficiaba del apoyo de la mayoría de los candidatos eliminados como una forma de evitar que Marine Le Pen llegase al poder. Tal vez por eso el candidato de En Marcha dio por descontada su victoria, y bajó la guardia.

Marine Le Pen, en cambio, tenía mucho que ganar, y desde la noche de la primera vuelta, dejó claro que por lo menos daría batalla, y que aprovecharía todos los votos sueltos que no fueran a Macron. Empezando por los apoyos de Jean-Luc Mélenchon. Una de los detalles polémicos de la noche de la primera vuelta fue la decisión del candidato de Francia Insumisa de no apoyar a Emmanuel Macron de primeras, y de convocar una consulta de sus bases para decidir cuál sería la postura oficial de la formación de cara a la segunda vuelta. Mélenchon equiparaba de esta manera a ambos candidatos. Esto fue visto por la campaña de Le Pen como una grieta importante en el frente republicano, y como un caladero de votos potencial, ante el importante peso del voto obrero para esta formación, cuyos postulados no varían demasiado en ciertos puntos con los del Frente Nacional.

Precisamente obreros protagonizaron uno de los capítulos más importantes de esta segunda vuelta. El 27 de abril, Macron y Le Pen acudieron por separado a una fábrica de la empresa de electrodomésticos Whirlpool en Amiens, la ciudad del candidato centrista. Sobre la misma pesa una amenaza de deslocalización a Polonia, y ambos candidatos decidieron acercarse a hablar con los trabajadores y explicarles sus medidas si llegaban a la presidencia. Sin embargo, el ambiente fue mucho más propicio para Marine Le Pen, que se dio un baño de masas y prometió que pararía la deslocalización si llegase a la presidencia, que para Emmanuel Macron, que se reunió con los representantes sindicales durante horas. Los medios franceses señalaron que la ganadora de este episodio había sido Marine Le Pen.

2º

Emmanuel Macron y Marine Le Pen, en la sede de Whirlpool (Twitter)

Al día siguiente, la candidata del Frente Nacional recibió otro espaldarazo importante, en forma de apoyo. El presidente del partido Debout la France (Arriba Francia), Nicolas Dupont-Aignan, anunció la firma de un pacto con vocación de permanencia con el Frente Nacional, y Le Pen, a su vez, desveló que Dupont-Aignan sería su primer ministro si llegase al Elíseo. Las encuestas empezaban a cambiar, y muchas mostraban que Macron caía del 60%, una barrera psicológica que separaba una victoria contundente de una más amarga, y que Le Pen subía del 40%. La estrategia de la campaña de Le Pen, consistente en lavar la cara a la candidata y pulir sus aristas más conflictivas, parecía estar funcionando, y algunos se empezaron a preguntar si una sorpresa era todavía posible.

Sin embargo, la calma reinaba en el partido de Macron, En Marcha, donde se insistía que la distancia entre ambos candidatos era todavía superior a los 15 puntos, y que por tanto no había ninguna razón para inquietarse. Pese a ello, muchos estaban algo preocupados por el modo en que se había desarrollado la campaña, y porque el exministro de Economía parecía haber comenzado la vuelta de honor mucho antes de lo aconsejable. Todos se emplazaban al debate crucial que se celebraría la noche del 3 de mayo, y en el que se jugaría el futuro de la elección. Emmanuel Macron tenía que recuperar tono para no desinflarse como favorito a unos días de la elección, y Marine Le Pen necesitaba seducir a suficientes votantes como para tener opciones de darle la vuelta a las encuestas.

El debate lo cambió todo

Históricamente, los debates entre ambas vueltas en Francia han tenido una importancia crucial. En 1974, Valéry Giscard d’Estaing consiguió remontar once puntos de desventaja sobre François Mitterrand gracias a una actuación muy acertada en el debate, tras la cual ganó un punto y medio en las encuestas, fundamental si se tiene en cuenta que esa segunda vuelta se decidió exactamente por esa distancia. En 1986, el debate fue tenso entre François Mitterrand, presidente de la República, y Jacques Chirac, primer ministro, y el intercambio de golpes fue constante, decantándose finalmente la elección a favor de Mitterrand. En el último debate hasta ahora, el de 2012, François Hollande se impuso sobre Nicolas Sarkozy utilizando quince veces la anáfora “Moi président de la République” (Yo presidente de la República) para explicar sus planes.

Por tanto, todas las espadas estaban en alto para este debate, que moderarían los periodistas Christophe Jakubyszyn y Nathalie Saint-Cricq. Horas antes, Emmanuel Macron había declarado que se guardaba su derecho de levantarse e irse del plató si Marine Le Pen era demasiado agresiva, a lo cual la aludida respondió con ironía. Antes del debate, las encuestas mostraban un ligero repunte del centrista, que había recuperado el 60% de intención de voto, aunque nada estaba claro. Las crónicas pronosticaban un debate tenso, en el cual los ataques serían personales.

Sin embargo, ningún pronóstico pudo predecir lo que realmente ocurrió esa noche. El debate entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, que duró dos horas y 20 minutos, fue el más tenso de la historia reciente de Francia. Los moderadores quedaron reducidos a un papel testimonial, ante la virulencia de los ataques que ambos contendientes se dirigían. Le Pen empezó dominando el debate, con frases contundentes hacia Macron. “Es usted el representante de las finanzas, de la globalización salvaje, de la guerra todos contra todos, de los grandes intereses económicos y el heredero de Hollande” acusó la candidata del Frente Nacional a su rival. Éste repuso acusando a Le Pen de “llevar el espíritu de derrota cuando somos fuertes en el mundo”.

A medida que avanzaba el debate, Emmanuel Macron se iba sintiendo más cómodo, y conseguía poco a poco lanzar el mensaje de la seguridad y de la tranquilidad, frente a los ataques de Marine Le Pen. Los choques entre ambos candidatos se repitieron en todos los temas. En terrorismo, Le Pen propone el cierre de las fronteras y quitar la nacionalidad a los franceses sospechosos de radicalización, a lo que Macron contestó con sorna que esa última medida sería la que convenciese a los terroristas suicidas de no actuar. En materia europea, Macron insistió en la necesidad de reforzar el papel francés en las instituciones comunitarias, mientras que su rival prometió que el referéndum sobre la permanencia gala en la Unión Europea se celebraría en el mes de septiembre si ella fuese elegida presidenta. Le Pen afirmó que Francia sería gobernada por una mujer, o ella o la canciller alemana Angela Merkel, acusando directamente a Macron de querer entregar a Francia a las instituciones europeas.

3º

Captura de ambos candidatos durante el debate (Twitter)

El debate fue el menos visto en Francia desde las elecciones de 1974, muchas personas prefirieron no presenciarlo ante la tensión que se respiraba en el ambiente. Sin embargo, fue el punto de inflexión de la elección. Marine Le Pen había tenido que salir al ataque para salvar sus opciones, y para muchos, se le cayó la careta. Emmanuel Macron, por su parte, había ido de menos a más, y terminó el debate con una clara victoria que le catapultó definitivamente a la presidencia de la República. A partir de aquí todo fue fácil para él.

La interferencia rusa en el camino a las urnas

Si Whirlpool pudo costar la elección a Emmanuel Macron, el debate se la garantizó. El ambiente se calmó a partir de entonces, y las encuestas reflejaron que el exministro de Economía se despegaba definitivamente de Marine Le Pen, superando ampliamente el 60% de los apoyos tras el debate del miércoles. El Frente Nacional, al más puro estilo Donald Trump, recurrió a las fake news para intentar golpear la credibilidad de Emmanuel Macron, que por entonces parecía fuera de cualquier tipo de duda razonable. En Marcha criticó duramente estas acusaciones, que no parecieron tener impacto en las encuestas.

Todo parecía tranquilo para Emmanuel Macron en el cierre de campaña. El último día de campaña, Marine Le Pen tuvo que abandonar por la puerta de atrás la catedral de Reims ante las protestas de manifestantes de izquierda. El candidato centrista pronunció su discurso en la ciudad de Albi, en el suroeste del país, apelando a todos a votar y mostrando su seguridad en un buen resultado el domingo, a medida que los sondeos eran cada vez más favorables. Sin embargo, llegaría un último incordio, la interferencia rusa largo tiempo esperada y temida.

La noche del viernes, a minutos de que se cerrase la campaña, En Marcha anunció que sus servidores habían sido pirateados por hackers que amenazaban con hacer público el contenido de los correos electrónicos. Los documentos robados fueron conocidos como Macronleaks, y se unían a las acusaciones de Marine Le Pen, que dejó caer en las últimas horas de campaña que tal vez iban a conocerse cosas sobre su rival demasiado tarde, sin que ello afectase al voto. La reacción del equipo de Macron fue muy crítica, y el propio presidente François Hollande anunció una investigación al respecto. Pocas horas después de que se anunciase el hackeo, se desveló que las personas que lo habían ejecutado tenían nacionalidad rusa y también habían llevado a cabo el robo masivo de datos del Comité Nacional Demócrata para favorecer a Donald Trump en las elecciones presidenciales del año pasado.

Sin embargo, el Macronleaks provocó el efecto contrario al esperado. Muchos franceses censuraron profundamente el intento del gobierno ruso de injerir en estas elecciones, y decidieron votar a Emmanuel Macron. El domingo 7, día de las elecciones, la historia esperaba a ambos candidatos. La votación transcurrió sin incidentes reseñables, aunque con un contundente descenso en la participación, que se achacó a la decisión de Francia Insumisa de pedir el voto blanco o nulo y la abstención en estas elecciones. Al final, el descenso de participación con respecto a la elección de 2012 fue de casi 6 puntos.

A media tarde, medios belgas empezaron a publicar las primeras encuestas sobre la elección, en las cuales Emmanuel Macron superaba ampliamente el 60% de los votos, en una horquilla que llegaba hasta el 65%. No parecía haber lugar para la sorpresa. La tradición obliga a esperar hasta las 8 de la tarde, hora de cierre de las urnas, cuando los medios franceses anuncian el nombre del ganador. Sin embargo, en este caso parecía claro. Efectivamente, a las 8 de la tarde, la televisión gala anunció que Emmanuel Macron era el nuevo presidente de la República, con un 65% de los votos.

Apenas quince minutos después de que se anunciase el resultado, Marine Le Pen salió a la palestra para reconocer su derrota. Anunció que había llamado a Emmanuel Macron para felicitarle por su victoria, y definió como históricos los resultados obtenidos por el Frente Nacional. “Somos la primera fuerza de oposición al nuevo presidente – proclamó – es necesaria una transformación profunda del Frente Nacional para estar a la altura de esta oportunidad histórica”. Le Pen se despidió entre aplausos, y consciente de que el resultado obtenido, un 33,90% de los votos, puede ocasionar que se cuestione su liderazgo interno.

4º

Emmanuel Macron celebra su triunfo junto a la pirámide del Louvre

Mientras tanto, al presidente electo de la República Francesa, Emmanuel Macron, le esperaban en la explanada del Museo del Louvre, en lo alto de los jardines de las Tullerías. Unos instantes después de que se confirmase su victoria por un 66% de los votos, Macron realizó una declaración institucional en la sede de su partido en la que agradeció su victoria, y se erigió en defensor de Francia y Europa. Sin embargo, el plato fuerte se produciría frente a la pirámide de I.M. Pei, donde los simpatizantes de En Marcha se concentraban desde la tarde. La masa enloqueció cuando Emmanuel Macron, con los acordes del Himno de la Alegría sonando de fondo, llegó al lugar. Solo, envuelto en una gran solemnidad, disfrutando del que podría ser su último momento de tranquilidad ahora que llega a la presidencia. Fue un momento épico.

“Seré el presidente de todos los franceses. Prestaré especial atención a los votantes indignados y encolerizados de Marine Le Pen, para que nunca tengan que aferrarse a los extremos” proclamó Macron, que añadió posteriormente “Os protegeré y os serviré, en cumplimiento de nuestro lema: libertad, igualdad y fraternidad”. Era un momento de extrema felicidad para Emmanuel Macron y su atípica familia, formada por su esposa Brigitte, 24 años mayor que él, y por los hijos y nietos de ésta, que subieron junto a ellos al escenario para cantar “La Marsellesa”, el emblemático himno galo. Posteriormente, el presidente electo se marchó a descansar, pero sus simpatizantes se mantuvieron hasta altas horas de la noche. La ocasión lo merecía.

El país que hereda Macron

No ha tenido tiempo para descansar Emmanuel Macron, que apenas unas horas después de ser elegido presidente, participó en un acto por el 72 aniversario del armisticio de la Segunda Guerra Mundial en los Campos Elíseos. Fue la primera ocasión de ver juntos a François Hollande, presidente saliente, y a Emmanuel Macron, presidente entrante. En todo momento, Hollande se mostró muy cariñoso y atento con el que será su sucesor, poniéndole la mano en la espalda en repetidas ocasiones y declarando estar aliviado por su elección.

5º

Emmanuel Macron y François Hollande durante el acto de los Campos Elíseos (Twitter)

El próximo domingo, Emmanuel Macron se convertirá en el octavo presidente de la V República Francesa. A partir de aquí, todo irá muy rápido. La principal incógnita en estos momentos es quién será el primer ministro del nuevo presidente. Los favoritos son el centrista François Bayrou y el ministro de Defensa Jean-Yves Le Drian, aunque nadie descarta que la elegida pueda ser una mujer, la segunda en ocupar este puesto. La siguiente fecha roja en el calendario es el 11 y el 18 de junio, cuando Francia se enfrenta a las elecciones legislativas más reñidas de su historia, que pueden desembocar en una cohabitación y en que el presidente tenga que nombrar a un primer ministro que no sea de su partido. Macron, que ya ha dimitido como presidente de En Marcha, está haciendo un esfuerzo por intentar nombrar candidatos que puedan garantizarle la mayoría en la Asamblea Nacional, una tranquilidad relativa.

Tampoco hay que perder de vista el importante aumento de la abstención, que ha llegado al 25,44% y que es la más alta desde las elecciones de 1969, y del voto blanco o nulo, que alcanza el 10%. A pesar de que la mayoría de partidos apoyó a Emmanuel Macron entre las dos vueltas, hubo votantes que se decantaron por el “ni-ni”, igualando a ambos candidatos. Este elemento ha sido reproducido mayoritariamente por votantes de Jean-Luc Mélenchon, que se negaron a apoyar a Macron, a quien acusaban de ser la cara más dura del neoliberalismo. El nuevo presidente tiene que hacer frente al hecho de que la mayoría de personas que le votaron el domingo lo hicieron para evitar la victoria de Marine Le Pen. Tendrá que ganarse a una buena parte del pueblo francés.

La elección de Emmanuel Macron cierra definitivamente el quinquenio de François Hollande, un lustro marcado por la decepción, los errores políticos y las traiciones, que ha dejado al Partido Socialista con un 6% de votos en primera vuelta. Por tanto, su presidencia se espera con una mezcla de ilusión y suspicacia, entre los que se alegran de que el inquilino del Elíseo sea otra persona, y los que pronostican y temen que va a ser más de lo mismo. Macron, con su sonrisa, sus modales refinados, su carácter educado y su simpatía fuera de lo normal, ha seducido a una gran parte del electorado francés en apenas un año. Tendrá cinco a partir del próximo domingo para el más difícil todavía, el día a día del gobierno. Los expertos pronostican que será un quinquenio convulso para el nuevo presidente. Sin embargo, si algo le gusta a Emmanuel Macron son los retos imposibles.

Deja tus comentarios

Enviar un comentario como invitado

0
terminos y condiciones.

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios