QUÉ MANERA DE GANAR Y DE SUFRIR

by Fernando Fraile

Madrid, 12 de marzo de 2020

Un Atlético de Madrid aguerrido consigue certificar su paso a cuartos de Champions League tras vencer al Liverpool (2-3) con los tantos de Llorente y Morata en la prórroga.

marcos

Marcos Llorente celebrando el 2-2 que decantaba la eliminatoria para el Atlético de Madrid (Foto: Cadena Noticias)

En un momento de incertidumbre y estadios cerrados para evitar la inesperada asistencia del coronavirus, el inexpugnable Anfield se alzaba imponente con el tan temido como glorioso bramido del “you’ll never walk alone”. Un canto que siempre ha motivado, más si cabe, a los guerreros de Klopp pero esta vez su empuje no les fue suficiente.

El conjunto rojiblanco, con la personalidad que le faltó el año pasado frente a la Juventus, planteó un partido muy físico e intenso que le mantuvo aferrado a la eliminatoria durante los primeros 90 minutos en los que se vio superado, pero en ningún momento derrotado.

Tras el cabezazo de Wijnaldum que igualaba la eliminatoria al borde del descanso, resistió los envites reds gracias a un enorme Jan Oblak que parecía atraparlo todo. Encerrado en su área caminaba, por el minúsculo hilo tensado, con paso titubeante entre el colapso y el prestigio en la máxima competición continental. Los más de treinta tiros locales no fueron suficientes para cambiar un destino que parecía escrito.

Como ya cantaba Sabina en el centenario “qué manera de ganar, qué manera de sufrir”. Después del gol anulado de Saúl en el tiempo añadido con el que casi se tocó el cielo, el rebote favorable que aprovechaba Firmino durante el comienzo del tiempo extra les hizo darse de bruces con la realidad. Una realidad superior a cualquier sueño.

Un error en el pase del guardameta Adrián cayó en las botas del sobresaliente João Félix que supo aportar la calma necesaria para que Llorente empatara el partido y decantara la balanza de la eliminatoria en el minuto 97. Él mismo protagonizaría el latigazo desde la frontal que diez minutos más tarde enmudecía al vigente campeón de Champions.

La noche fue redondeada por Morata con su gol en el minuto 121 tras una fulgurante pared con el autor de los primeros tantos que desnudaba a la prestigiada defensa red y ponía el broche a una noche inolvidable para los colchoneros y cualquier enamorado del fútbol.

El Atlético de Madrid volvió a curtir su legado como matagigantes en uno de los campos más imponentes y en uno de los partidos más complicados. Quién sabe si será este el año en el que la orejona tan ansiada se traslade hasta sus vitrinas. Hasta entonces, la hinchada, como canta Sabina, no dejará de animar, vencer, palmar, pero nunca de sufrir.

 

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