ORBÁN CONSIGUE SU TERCER MANDATO COMO PRIMER MINISTRO HÚNGARO

by Felipe Manchón Campillo

Madrid, 9 de abril de 2018

El partido Fidesz, la formación del primer ministro Viktor Orbán, se proclamó ayer ganador de las elecciones parlamentarias que se produjeron en Hungría. Orbán obtuvo un 49,5% de los votos, y mantuvo los 133 escaños que tenía. El triunfo del jefe del Gobierno húngaro le garantiza un tercer mandato consecutivo, y aumenta su poder, cimentado sobre un discurso ultranacionalista, eurófobo y racista, que proclama el retorno a los valores tradicionales.

El triunfo de Orbán y los suyos no ha sido una sorpresa, y lo único que quedaba por aclarar era la distancia que tenía con sus rivales. Finalmente, Fidesz ha sido capaz de obtener una victoria contundente que supone un espaldarazo a sus políticas, y abre la puerta a que el primer ministro húngaro pueda acometer profundas modificaciones constitucionales en su nuevo mandato. En el discurso posterior a que se proclamase la victoria de Fidesz, el primer ministro compareció ante sus seguidores, a los que dijo “Esta ha sido una victoria decisiva, en el futuro podremos defender nuestra patria”.

El resultado de los comicios demuestra que Hungría ha girado definitivamente hacia la extrema derecha, por lo menos durante un tiempo. El segundo partido más votado, a más de 100 escaños de distancia de Fidesz, ha sido Jobbik, una formación netamente xenófoba y nacionalista, que ha obtenido 26 representantes, dos más que en 2014, a pesar de lo cual su líder, Gábor Vona, anunció su dimisión anoche. También Gyula Molnár, líder de la principal formación progresista del país, el Partido Socialista Húngaro, deja su puesto, después de que el partido solamente obtuviese 20 escaños, nueve menos que en la anterior elección, y de que perdiese la segunda posición, a favor de Jobbik. El resto de escaños se reparten entre partidos de centro de diferente cuño.

Una amenaza desatendida

El triunfo incontestable de Orbán en estas elecciones culmina un proceso en que ha ido acumulando un poder absoluto. El primer ministro húngaro alcanzó por primera vez la más alta magistratura de su país en 1998, cuando pasó de 20 a 148 escaños, y consiguió desbancar al primer ministro socialista Gyula Horn. En 2002, sin embargo, fue derrotado, pese a obtener más escaños, y pasó a la oposición. Sin embargo, desde 2010, el líder de Fidesz ejerce el poder con mano de hierro, y se ha convertido en la cara visible de la oposición a los valores europeos en el Este. La actual situación continental, con el aumento de los nacionalismos y de los políticos que prometen mano dura, ha reforzado a Orbán tanto fuera como dentro de su país.

En los últimos años, el primer ministro húngaro ha cerrado periódicos contrarios a su gestión, encarcelado a los migrantes que llegaban al país, a los que ha aplicado la legislación antiterrorista, ha aplicado una economía proteccionista y nacionalista, ha incumplido sistemática y ostensiblemente los acuerdos con la Unión Europea, ha ilegalizado el viejo partido comunista húngaro, y ha iniciado un acercamiento con Rusia y Turquía. Numerosas han sido las críticas vertidas en público y en privado contra él, pero hasta ahora, nadie ha hecho frente a la amenaza que las políticas y la retórica de Viktor Orbán pueden llegar a significar. Su triunfo le da alas para seguir aplicando sus políticas, manteniendo un foco de inestabilidad en la Europa del Este al que, de momento, nadie atiende.

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