EL GOBIERNO Y EL “NUEVO” PP DE CASADO SE JUEGAN EN SEPTIEMBRE ACABAR O NO LA LEGISLATURA

Madrid, 23 de julio de 2018

La política española se va de vacaciones en un inesperado momento de cambio. La moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de la presidencia del Gobierno ha abierto un nuevo tiempo, que ha derivado en el hecho insólito de que el nuevo presidente, Pedro Sánchez, es, con 46 años, el más mayor de todos los líderes políticos españoles. El otoño y el invierno prometen ser convulsos, con el difícil equilibrio parlamentario del Gobierno socialista, la situación en Cataluña, la crisis migratoria y la cercanía de las elecciones autonómicas, municipales y europeas en el centro de la actualidad. El curso político empezará con fuerza en septiembre, y es impredecible si todo volverá a darse la vuelta como hace unos meses.

El hemiciclo del Congreso de los Diputados, vacío (FOTO: Twitter)

El último capítulo de la actualidad política española ha sido la elección el pasado fin de semana de Pablo Casado como presidente del Partido Popular. El diputado palentino, derrotado en las primarias por Soraya Sáenz de Santamaría, consiguió el apoyo de numerosos sectores del partido, y se impuso en el congreso por un 57% de los votos. El discurso con el que ha alcanzado la presidencia del partido ha estado muy marcado a la derecha, y significa el final de la era de Mariano Rajoy y el regreso al tono, a los modos y a las medidas que José María Aznar propuso durante su presidencia.

El objetivo de Casado es ponerle las cosas aún más difíciles a Pedro Sánchez, que no acaba de arrancar en una presidencia con fecha de caducidad. Por si fuera poco, el PDeCat, la formación a la que pertenece el expresidente de la Generalitat de Catalunya Carles Puigdemont, eligió este fin de semana a su nuevo presidente, David Bonheví, que sucede a la moderada Marta Pascal en el cargo, y que podría significar el final del apoyo de los antiguos convergentes a las medidas que el Gobierno socialista proponga en el Congreso de los Diputados, empezando por los Presupuestos Generales del Estado de 2019.

La situación es caótica e impredecible. La moción de censura actuó como catarsis, y desbloqueó el panorama político español y todas las predicciones, que colocaban a Ciudadanos cada vez más arriba, aprovechando la parálisis del PP y la falta de reacción de los partidos de izquierda. Sin embargo, y a pesar de que ya lleva varias semanas y de que se han anunciado importantes medidas, crece la sensación de inacción alrededor de Pedro Sánchez, y el fantasma de un adelanto electoral, que el presidente negó en su primera entrevista en Televisión Española, vuelve a aparecer en la actualidad española. El otoño será sin duda intenso, y sobre todo, cambiante. Nadie se atreve a apostar cuál será la situación de la política española el próximo año.

Casado entierra la era Rajoy

La inesperadamente feroz carrera por suceder a Mariano Rajoy se saldó el pasado sábado con la elección como presidente del Partido Popular de Pablo Casado, anteriormente vicesecretario de Comunicación de la formación, que derrotó en el congreso extraordinario a la exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, gracias al apoyo de diversas facciones del partido que dieron la vuelta al resultado de las primarias, en las que Santamaría había resultado ganadora, y alzaron al poder a un presidente nuevo con ideas antiguas. En su primer discurso como presidente del PP, Casado exclamó que el PP había vuelto, y confirmó su voluntad de llevar al partido a la derecha, dando de esta manera carpetazo a 14 años de presidencia de Rajoy.

Casado, que con apenas 37 años se ha convertido en el presidente más joven de la historia del PP, ha resultado elegido gracias al apoyo de personalidades del partido contrarias a la forma en que Rajoy ha dirigido tanto el partido como el país en los últimos años. Frente a la exvicepresidenta, heredera y sucesora del político gallego, las diferentes federaciones han apostado por este joven diputado palentino, con un discurso de combate, que anima a volver a las esencias de la derecha sin complejos, y que recuerda a los años de José María Aznar, una de las referencias políticas del nuevo presidente. De hecho, Casado ha insistido en su voluntad de volver a abrir el partido a aquellos que se han marchado a formaciones con un discurso más guerrero y nacionalista, como Ciudadanos o Vox, para ser “todo a la derecha del PSOE”, como señaló en una entrevista. Aznar podría ser el primero de muchos en volver.

Pablo Casado con José María Aznar tras su elección como presidente del PP (FOTO: Twitter)

La elección de Casado supone también la constatación de que el Partido Popular ha renunciado una vez más a hacer autocrítica, y a analizar honestamente las razones por las que Mariano Rajoy fue expulsado de la presidencia del Gobierno en una moción de censura a finales del pasado mes de mayo. Los discursos en el congreso pasaron por encima de la moción, calificándola constantemente como una confabulación de los enemigos de España, y se centraron en la necesidad de recuperar tanto las medidas ideológicas que han acompañado siempre al PP, como la oposición al aborto o la dureza contra el independentismo, como un discurso de combate que convenza a aquellos que están pensando dejar de votar al PP y a aquellos que ya lo han hecho de que merece la pena apostar de nuevo por la formación conservadora.

La atención mediática alrededor del nuevo presidente del PP está puesta en los tribunales, pues Casado podría ser imputado próximamente por el Tribunal Supremo en el caso de su máster en la Universidad Rey Juan Carlos. Desde su equipo, se ha negado que esta posibilidad sea real, y se ha acusado a los medios que han informado al respecto de manipulación. Más allá de su panorama judicial, Casado tendrá un difícil camino hacia la presidencia del Gobierno, pues su discurso, que él ha enmarcado lejos de la corrección política, podría desanimar a los pragmáticos y activar a los abstencionistas en su contra. Sin embargo, es cierto que una presidencia de Pablo Casado parecía imposible, y hoy ya es real. Por tanto, es necesario ser cauteloso con las predicciones. La política cambia muy rápido.

El Gobierno, entre la prudencia y las prisas

Uno de los ejemplos de cómo la política cambia rápido afecta directamente al Gobierno socialista, que estaba confiado de poder aguantar hasta final de legislatura sin convocar elecciones, pero que, tras la victoria de Pablo Casado en el congreso del PP, y sobre todo tras la elección de una nueva directiva en el PDeCat que amenaza con ponerles las cosas muy difíciles en el día a día parlamentario, vuelve a contemplar la posibilidad de tener que adelantar los comicios con una mezcla de prudencia y pánico. La media de las encuestas favorece al PSOE, por delante en todos los sondeos, pero esta ventaja no es definitiva, y podría cambiar si el otoño es tan bronco como parece, y si no son capaces de contentar a su potencial electorado y a sus socios parlamentarios con medidas que estos puedan defender y que animen a los abstencionistas a votarles.

El Gobierno tras la reunión del Consejo de Seguridad Nacional (FOTO: Twitter)

Cuando ya han pasado casi dos meses de la moción de censura, el Gobierno presidido por Pedro Sánchez no ha realizado aún ninguna medida de peso, más allá de la recepción del barco Aquarius, rechazado por Italia y por Malta, y de la voluntad anunciada pero aún no ejecutada de sacar del Valle de los Caídos los restos de Francisco Franco. Esta indecisión le valió a Sánchez un serio rapapolvo de sus socios de moción de censura en un tenso debate en el Congreso de los Diputados la semana pasada del que el Gobierno socialista sacó la conclusión de que la mayor parte de partidos quiere trabajar con ellos, pero que no se lo pondrán fácil. Asimismo, el presidente anunció medidas de carácter técnico, como la prohibición de las amnistías fiscales, o la relajación de los objetivos de déficit, una medida que necesitará el plácet parlamentario para llevarse a cabo. La complicada aritmética parlamentaria hace de cada medida que el Gobierno quiere sacar adelante un verdadero suplicio, algo que, de eternizarse, podría invitar a la convocatoria anticipada de elecciones para resolver el bloqueo.

Sin duda, el PSOE se encontró sin esperárselo de vuelta a la presidencia del Gobierno, de manera más brusca que en 2004. Los duros siete años de oposición, dificultados por las sucesivas victorias electorales y la falta de un liderazgo estable, lo que repercutió en la credibilidad de los socialistas, finalizaron de pronto, gracias a la corrupción que corroyó al PP hasta sus cimientos. Sin embargo, los socialistas deben ser conscientes de que no han ganado unas elecciones, y que, si bien esto no supone ningún tipo de obstáculo constitucional para ejercer las funciones de gobierno, son las urnas las que finalmente darán o quitarán la legitimidad de Sánchez y los suyos para gobernar España. Es por ello por lo que es necesario que el Gobierno salga de su zona de confort y saque adelante las medidas prometidas durante los años de oposición a Rajoy.

Para los socialistas, las tres citas electorales de 2019 son fundamentales. Las elecciones europeas les dan la oportunidad de ganar unos comicios a nivel nacional, y de colocarse por delante de PP y Ciudadanos en la primera oportunidad. Las autonómicas suponen una prueba de fuego para todos los gobiernos socialistas constituidos hace tres años, y una oportunidad para intentar recuperar una comunidad que hace años que no gobiernan, Madrid. Las municipales, finalmente, son la asignatura pendiente de los socialistas, superados en la mayor parte de grandes ciudades por las marcas de Podemos en 2015, y que deben recuperar un puntal básico del socialismo en España como es el municipalismo. Del éxito o fracaso de estas elecciones dependerá el futuro del Gobierno y del PSOE, y el adelanto o no de las generales.

Podemos intenta recuperar el pulso

Pablo Iglesias, tras el congreso Vistalegre II (FOTO: Twitter)

El otro partido para el que cambiaron las cosas con la moción de censura es Podemos. Apenas unas semanas antes del cambio de gobierno, los dos líderes de la formación morada, Pablo Iglesias e Irene Montero, superaron un inédito escrutinio sobre la compra de un lujoso chalé, y unos días después, fueron claves en la moción de censura que derribó a Mariano Rajoy y en la que los morados, al contrario que en marzo de 2016, ofrecieron su apoyo y sus votos sin condiciones al candidato socialista. Iglesias ha manifestado en numerosas ocasiones que quiere que Sánchez cuente con él para agotar juntos la legislatura, pero a medida que el Gobierno ha ido asentándose en el poder, la influencia de Podemos ha sido cada vez menor, y ha motivado algunas críticas de miembros de la formación morada hacia la actitud de Sánchez.

Cuatro años después de su fulgurante aparición en las elecciones europeas de 2014, Podemos se enfrenta al reto de su supervivencia. El congreso Vistalegre II dejó abiertas más heridas de las que cerró, y la desconfianza se instaló entre algunos sectores del partido. Iglesias se ha ido rodeando de sus personas de confianza, y ha desplazado a otros en los que antiguamente confiaba, como Íñigo Errejón, que liderará la lista morada a la Comunidad de Madrid el año que viene. El Gobierno de Pedro Sánchez es una oportunidad para Podemos en la medida en que consigan que el presidente cuente con ellos para llevar a cabo algunas de las reformas ambicionadas por los morados, y les conciba como sus auténticos socios de legislatura.

España ha cambiado desde la aparición de Podemos, que quiso darle una vuelta al concepto de izquierda alternativa, y que ha aplicado sobre todo su acción en el plano municipal. Será precisamente este su principal reto el próximo curso político, en el que buscarán conservar al menos uno de los dos ayuntamientos fundamentales de España, el de Madrid o el de Barcelona, e intentar atar algunos de los no logrados en 2015. El balance general de los llamados ayuntamientos del cambio es positivo, y esto debe dar fuerza a Podemos para defender su perspectiva de que se puede gobernar de otra manera. En las comunidades autónomas, la ambición debe ser gobernar en alguna, para lo que será necesario quedar por delante del PSOE, y seguir siendo fundamental en la gobernabilidad de otras, como Castilla-La Mancha, Aragón o Valencia.

Desde el nacimiento de Podemos, muchas personas que creían en el proyecto morado, que bebía directamente del 15-M, se han sentido decepcionadas y han prometido no votarles nunca más. Esto se ha reflejado en el continuado descenso de la formación en las encuestas, quedando lejos del trío de cabeza, y sin opciones de recuperar la desventaja. Sin embargo, la perspectiva es ahora diferente con la moción de censura, y Podemos vuelve a sentirse útil y a estar convencido de que su presencia en la política española es fundamental. Esto deberá traducirse en resultados electorales, que serán los que cierren las heridas internas o las incrementen. Podemos se enfrenta, como Ciudadanos, al reto de la resistencia política, y 2019 será el año definitivo en este aspecto.

La lucha por no caer de nuevo en la insignificancia

Si hay algún partido al que la nueva situación política tras la moción de censura ha perjudicado, ese es sin duda Ciudadanos. La formación naranja parecía lanzada a un gran triunfo electoral apoyado por las encuestas, y gracias a un discurso duro contra el independentismo catalán. Sin embargo, la destitución de Rajoy, al que tenían tomada la medida, y la llegada al poder de Sánchez, al que consideraban inofensivo y amortizado, han dejado noqueado al partido de Albert Rivera, incapaz de reaccionar a los hechos que amenazan con desmontar completamente su discurso y con provocar que su ventaja en las encuestas se diluya rápidamente. La elección de Pablo Casado al frente del PP ha sido el último golpe para una formación que ya daba por hecho su victoria electoral, y que teme regresar a la cuarta posición en las encuestas.

Para Rivera, el camino a La Moncloa estaba claro, golpeando a Rajoy por su falta de mano dura y por su inacción, y presentándose ante el electorado como la alternativa moderna al PP. Prueba de esta voluntad fue la puesta en marcha de la plataforma España Ciudadana, con la que el líder naranja pretendía luchar contra el nacionalismo abrazando los valores patrios sin disimulo. La feroz crítica a los secesionistas catalanes, la posición que provocó el aumento fulgurante en las encuestas, era la seña de identidad del partido, que, por lo demás, planteaba pocas medidas para el resto de los problemas de España, empezando por la corrupción. La moción de censura motivada por la sentencia del caso Gürtel, pilló a contrapié a Rivera y los suyos, que habían dado por finiquitada la legislatura con la sentencia, pero que decidieron no apoyar la moción y pedir elecciones. La intervención de Rivera en la sesión parlamentaria pareció más una súplica a Rajoy para que dimitiese e hiciese decaer la moción que una crítica a su labor.

Albert Rivera, durante la presentación de España Ciudadana (FOTO: Twitter)

El triunfo de Casado en el congreso del PP supone un problema más para Rivera, puesto que implica la renovación del principal partido conservador de España, y la llegada al poder de un político de un perfil muy parecido al suyo. Las primeras manifestaciones que Rivera ha dirigido al nuevo líder popular son de entendimiento, pese a que Casado ya ha manifestado en varias ocasiones que su voluntad es recuperar los votos del PP que se marcharon tanto a Ciudadanos como a Vox. De momento, a Rivera le está costando mucho aclimatarse a la nueva situación política, lo que no es irreversible, pero sí difícil. La feroz crítica a los pasos dados por el Gobierno de Pedro Sánchez no basta para demostrar a los potenciales votantes naranjas que pueden confiar en la formación surgida por sorpresa en las elecciones catalanas de 2006, y que aspira a ocupar el lugar del PP en el centro derecha español, algo que parecía hecho antes de la moción, pero que ahora, parece como poco más complicado.

La pregunta fundamental en el futuro de Ciudadanos es cuál es su verdadero potencial de crecimiento. Las elecciones del año que viene ofrecen una oportunidad única para los naranjas de introducirse en parlamentos autonómicos en los que no están, e incluso de colocarse liderando algunos de ellos, o al menos así era hasta la moción de censura. Los naranjas necesitan obtener mejores resultados que en 2015 para así poder exigir un papel diferente al de muleta del PP en varias autonomías, como ha ocurrido hasta ahora. Para ello, es necesario que Ciudadanos se pregunte qué tipo de programa va a defender, y si lo va a basar todo en la defensa de la unidad de España, o si por el contrario buscará otras medidas que le diferencien del PP. Los naranjas, por tanto, necesitarán reinventarse para no repetir los resultados de 2015, lo que supondría un duro golpe a sus perspectivas de crecimiento a nivel nacional.

 

La incógnita catalana

La crisis en Cataluña, que se mantenía latente desde 2012, estalló hace aproximadamente un año, con la aprobación por parte del Parlament de las inéditas leyes de desconexión que colocaron en un choque nunca visto a España y Cataluña. La aplicación del artículo 155 de la Constitución y la consiguiente convocatoria de elecciones tuvieron el objetivo de frenar a los independentistas, pero el resultado del escrutinio dio de nuevo mayoría a los secesionistas, y no terminó con la crisis. Casi un año después, Cataluña sigue teniendo un gobierno independentista que, sin embargo, ya no clama por la autodeterminación, sino por la libertad de los presos, y sigue suponiendo un foco de inestabilidad e incertidumbre en la política española.

Carles Puigdemont y su gobierno, tras la declaración unilateral de independencia (FOTO: Twitter)

Es cierto, sin embargo, que se ha recuperado una cierta normalidad democrática, gracias a la reunión que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Quim Torra, mantuvieron hace unas semanas, y que tuvo como consecuencia la recuperación de las comisiones bilaterales congeladas desde 2011. Ambas posiciones siguen muy alejadas, pero existe la voluntad de intentar dialogar y tender puentes, algo imposible durante la presidencia de Mariano Rajoy. Este relativo entendimiento podría finalizar por el cambio en la dirección del PDeCat, en la que los moderados partidarios del diálogo, representados por Marta Pascal, que intentó detener hasta el último segundo la declaración unilateral de independencia, fueron derrotados por el sector más cercano al expresidente Carles Puigdemont, que amenaza con ponérselo muy difícil al Gobierno socialista para sacar adelante sus proyectos en el Congreso de los Diputados.

El otro partido independentista, Esquerra Republicana de Catalunya, celebró recientemente un congreso en el que volvió a insistir en la unilateralidad como única solución, y que desveló las grietas en el bando independentista. El encarcelamiento y exilio de los principales políticos secesionistas han llevado a los más pragmáticos a asumir una posición más sosegada y moderada, mientras que otra parte de los independentistas clama por apretar aún más las tuercas y prolongar el choque. A poca gente le convence las llamadas al diálogo y al entendimiento que llegan desde el Gobierno, ni la posibilidad de recuperar los artículos del Estatut suspendidos por el Tribunal Constitucional en 2010 ni de aprobar uno nuevo. El apaciguamiento será largo y difícil, y ello da armas a los partidos de la derecha española para clamar contra el secesionismo y pedir dureza al presidente Sánchez.

Existe otra perspectiva fundamental a tener en cuenta en la crisis en Cataluña, y esa es la judicial. La decisión del tribunal alemán, y antes del tribunal belga, de no extraditar a Puigdemont ni a algunos de sus antiguos consejeros por el delito de rebelión que les imputaba el juez Pablo Llarena dio alas a los independentistas, y sumió en la indignación a los unionistas, que acusan a los jueces extranjeros de falta de compromiso por no haber compartido su interpretación legal de los hechos. Llarena, que no ha reconocido ningún error en la instrucción, podría intentar acelerar el proceso contra los políticos independentistas en prisión, e intentar finalizar próximamente la instrucción para poder juzgarles por rebelión. Una condena por este delito, que sería a buen seguro recurrida a instancias europeas, podría dificultar aún más el problema. Los moderados de uno y otro lado llaman a desescalar en el conflicto y buscar un entendimiento lejos de declaraciones de independencia y de artículos 155. Los más duros no ceden ni un palmo en sus aspiraciones y exigencias, aunque ello signifique un nuevo choque. Los próximos meses serán fundamentales para desentrañar cuál de los bandos triunfa.

¡Todos a votar!

A la espera de un posible adelanto de las generales, 2019 viene cargado de elecciones fundamentales que serán una prueba de tensión única para la salud y fuerza de los determinados partidos. Si bien cada elección es particular, todas pondrán a prueba la fortaleza de sus líderes y serán muy importantes para la batalla de las generales, que configurarán un Congreso de los Diputados tan complicado de gobernar como el de esta legislatura. Por eso, el otoño y el invierno de 2018 serán fundamentales para plantear las estrategias de cada partido, y decidir en algunos casos quién será el candidato. Una de las elecciones más importantes, la del Ayuntamiento de Madrid, no tiene aún candidatos confirmados.

Las nuevas elecciones son también una oportunidad para comprobar si el final del bipartidismo que fue la noticia durante las elecciones de 2015 y 2016 se repite. Cada partido tendrá su propia ambición. El nuevo PP, dirigido por Pablo Casado, tiene como objetivo recuperar el bipartidismo en el que se disputaba cada elección con el PSOE. El PSOE, por su parte, ha aprovechado el bajón de Podemos para recuperar apoyos de izquierdas, pero, por otro lado, la formación morada ha ayudado a los socialistas a volver a gobernar en lugares como Valencia, en los que hacía años que mandaba el PP. Ciudadanos y Podemos tienen el objetivo de reducir lo máximo posible el poder de los partidos hegemónicos de su respectivo espectro ideológico. Hoy por hoy, parece muy complicado volver atrás, pero todo puede ocurrir.

La primera cita electoral será con toda probabilidad la andaluza. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, adelantará próximamente los comicios, para intentar obtener un buen resultado que permita que el PSOE siga gobernando en Andalucía. Las últimas encuestas colocan a los socialistas aumentando su resultado de 2015, mientras que Ciudadanos superaría al PP, que caería con fuerza, lo mismo que Podemos. Este escenario haría difícil que el pacto entre PSOE y Ciudadanos se reeditase, y ello obligaría a que los socialistas negociasen con Podemos, una negociación que fue imposible y que no llegó a cristalizar. Todas las opciones están abiertas, incluso un pacto Ciudadanos-PP difícil de producirse por falta de apoyos.

Susana Díaz vota en las elecciones de 2015 (FOTO: Twitter)

Sea como sea, cualquier analista político que se precie debe ser consciente de que todos sus pronósticos, incluido este, tienen fecha de caducidad, y que los tiempos en la política española se reducen a pasos agigantados. Hace apenas 5 meses, parecía imposible que Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes abandonaran sus cargos. Hoy, sus carreras políticas son historia. Por ello, en otoño empieza un nuevo y apasionante capítulo de la política española. Sin embargo, hasta entonces, los políticos tendrán una oportunidad de descansar y reponer fuerzas durante las vacaciones. Les hará falta.

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