EL PSOE GANA CON UN RESULTADO HISTÓRICO Y EL PP SE HUNDE

by Felipe Manchón

 

EL PSOE GANA CON UN RESULTADO

HISTÓRICO Y EL PP SE HUNDE

crónica 28 A

Pedro Sánchez celebra su victoria en las elecciones generales acompañado por su mujer, Begoña Gómez, y la vicesecretaria general del PSOE Adriana Lastra (FOTO: EFE)

Madrid, 29 de abril de 2019

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó ayer las elecciones generales, con 123 escaños, y es, once años después, el primer partido de España. La victoria de Pedro Sánchez, triunfante después de dos fracasos electorales previos, ha sido contundente, clara y uniforme en toda España, con triunfos históricos como el obtenido en Madrid, donde el partido no ganaba desde 1989. El éxito del PSOE se ve complementado con el resultado de Podemos, sensiblemente más bajo que en las últimas elecciones, con 42 escaños, lo que acerca que la mayoría de la moción de censura se repita, y que la izquierda retenga el Gobierno con mayor holgura de lo esperado.

 

Por su lado, la derecha ha sufrido una contundente derrota, debido a la histórica fragmentación, y su deseo de sacar a Sánchez de La Moncloa fracasa estrepitosamente. El que más ha perdido ha sido el Partido Popular de Pablo Casado, que se ha hundido con 4 millones de votos y 71 escaños menos que en 2016, colocándose en 66 representantes, su peor resultado desde 1982. Por su parte, el partido ultraderechista Vox, al que algunas encuestas daban una estimación de hasta 50 representantes, entra en el Congreso de los Diputados con 24 diputados. Finalmente, Ciudadanos se ha llevado una alegría con sus 57 escaños, un aumento de 25 respecto de 2016, y se coloca además a menos de un punto porcentual del PP. Las tres derechas ni siquiera se han acercado a los 176 escaños que dan la mayoría absoluta, y se han quedado en 149, por detrás de la suma de PSOE y Podemos que ha llegado a 165 escaños.

La participación, que ha sido animada en los últimos días de campaña por todos los partidos, se ha colocado finalmente en el 75,55%, cinco puntos más que en las elecciones de 2016, y ha alcanzado picos a las 2 y a las 6 de la tarde. Para muchos analistas, ha sido este aumento del voto el que ha detenido a la derecha, y ha logrado que los partidos progresistas mantengan la mayoría en estos comicios y tengan la posibilidad de gobernar. Finalmente, la derecha tricéfala no ha logrado el resultado que ambicionaban, y tendrán que purgar en la oposición su rabia y su ambición de poder mientras ven a Pedro Sánchez presidir el Gobierno cuatro años más, esta vez con un mandato democrático fuera de cualquier duda.

Otra victoria imposible para Pedro Sánchez

En la larga historia democrática española, no ha habido nunca un personaje como Pedro Sánchez. Elegido secretario general del PSOE en el verano de 2014 como un completo desconocido que contaba con el apoyo de la poderosa federación andaluza, el diputado por Madrid lideró al PSOE en las elecciones de 2015 y 2016, en las que logró evitar el sorpasso de Podemos pero en las que no consiguió gobernar. Tras el fracaso en estas últimas, el aparato de su partido se levantó contra él, y le expulsó de la secretaría general en octubre de 2016. Cuando parecía que su carrera política estaba más que acabada, Pedro Sánchez regresó a su puesto, derrotando en primarias a la presidenta andaluza Susana Díaz, la que más peso interno tenía, y aupado por una movilización de la militancia que le apoyó sin dudarlo. Un año después, tras varios meses marcados por la crisis en Catalunya, en la que el secretario general apoyó la postura del Gobierno de Mariano Rajoy, Sánchez alcanzó la presidencia del Gobierno de manera inesperada, gracias a una moción de censura contra el PP motivada por la sentencia del caso Gürtel. Tras diez meses de mandato, el fracaso en la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado provocó el adelanto electoral, que, para muchos, era el final de Pedro Sánchez. Sin embargo, el líder socialista ha vuelto a desafiar todas las apuestas y logra el triunfo electoral que le faltaba, devolviendo a su partido a lo más alto.

La victoria del PSOE, la primera a nivel nacional desde la cosechada por José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, ha sido aún más contundente de lo que preveían las últimas encuestas, como lo prueban los datos: 7 millones y medio de votos, 3 millones más que el PP, 123 escaños, 38 más que en 2016, y la victoria en 40 de las provincias españolas. El triunfo ha sido especialmente dulce en lugares en los que los socialistas no ganaban desde hacía muchos años. Buen ejemplo de ello ha sido el resultado en la Comunidad de Madrid, en la que los socialistas han vencido 30 años después, con 11 escaños, cuatro más que en los últimos comicios. En Andalucía, el PSOE ha retomado la cabeza, con 24 escaños, y la suma con Podemos supera a la de la actual coalición de derechas que gobierna la comunidad desde las pasadas elecciones de diciembre. El PSOE triunfa además en el Senado, donde ha obtenido la mayoría absoluta por primera vez desde 1993, con 121 senadores, casi 80 más que en 2016.

Como ya ocurrió en las primarias de 2017, cuando la mayoría absoluta concedida por los militantes le dio manos libres para quitar poder a los barones socialistas, Pedro Sánchez se quita por fin la espina de las elecciones generales, obtiene una victoria de peso que muchos decían que era imposible, y se encamina hacia cuatro años más en La Moncloa, convertido en un líder carismático y popular, así como odiado por la oposición, que le ha dedicado insultos y descalificaciones de peso desde que accedió a la presidencia del Gobierno. Su reto ahora es no girar a la derecha y reforzar, como prometió durante la campaña, la agenda social y de progreso que los socialistas han aplicado en estos meses, con reformas clave como la subida del salario mínimo interprofesional o de las pensiones.

Casado conduce al PP a su peor derrota

Una imagen vale más que mil palabras. Todo estaba listo en la sede del PP en la calle Génova para celebrar el prometido triunfo que sacaría a Pedro Sánchez de La Moncloa, y completaría así la fulgurante carrera política de Pablo Casado, quien contaba con alcanzar la presidencia menos de un año después de ser elegido para liderar la principal formación conservadora de España. Sin embargo, a medida que el incesante goteo de resultados daba cuenta de la magnitud de la derrota, empezó a quedar claro que no habría nada que festejar, y la calle Génova se quedó desierta. Nadie salió al balcón, preparado por si era necesario, que estaba presidido por una enorme imagen de Casado junto a una bandera de España, y, parafraseando a Albert Rivera, solamente se escuchaba el silencio. En el interior, los políticos populares se empezaban a preguntar qué había fallado para haber cosechado tamaña derrota.

Por primera vez, el PP se presentaba a unas elecciones consciente de que no obtendría el primer puesto, pero con la esperanza de que la alianza con Ciudadanos y Vox estrenada en Andalucía pudiese reeditarse a nivel nacional. Sin embargo, el resultado final ha sido mucho más terrible de lo que podía prever ninguna encuesta, y ha frustrado toda ambición de triunfo por parte de Casado, que se ha dejado por el camino 71 escaños, más de 15 puntos, y 4 millones de votos, y al que ha penalizado como a nadie la división en la derecha. El PP solamente ha sido capaz de mantener su hegemonía en Galicia, donde su presidente Alberto Núñez Feijóo ha corrido a atribuirse el mérito del resultado. En Madrid, pasan de primera a tercera fuerza, por detrás de PSOE y Ciudadanos, y se dejan ocho escaños por el camino. En Valencia fueron seis, aunque han logrado mantener la segunda posición frente al empuje de Ciudadanos. Los peores resultados se han dado en Catalunya y en Euskadi. En el primer caso, han perdido cinco de sus seis diputados, y solamente la polémica cabeza de lista por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, obtiene representación. En el segundo, se quedan sin diputados, algo especialmente duro para el responsable de Organización del partido, Javier Maroto, que pierde su escaño por Álava a manos de Bildu.

El liderazgo de Pablo Casado, que había basado toda su estrategia en ser todo a la derecha del PSOE y alcanzar la presidencia del Gobierno rápidamente, queda tocado después de este fracaso electoral. El presidente del PP ha radicalizado el discurso de su formación, dejando atrás todo indicio de moderación, y abrazando las propuestas introducidas en el debate por Vox, y ha sumado los errores en campaña, el último de los cuales, la oferta de ministerios a Ciudadanos y Vox si daban los números para gobernar, puede haber sido clave para movilizar a la izquierda. Su derrota es histórica, y abre de lleno la lucha por la hegemonía en la derecha a menos de un mes para las elecciones autonómicas, municipales y europeas, en las que el PP intentará salvar los Gobiernos que tiene y recuperar alguno. Solamente con un resultado honorable en estos comicios conseguirá Casado mantenerse a flote como líder de su formación.

Rivera crece contra pronóstico y va a por el PP

La encuesta publicada por el CIS a menos de un mes de las elecciones, criticada hasta la saciedad por la derecha y algunos medios pero que dibujó un panorama muy parecido al del resultado de este 28 de abril, mostraba que Ciudadanos afrontaba estos comicios con la fidelidad de voto más baja de todos los partidos. Esto provocó que algunos analistas señalaran a la formación naranja como el eslabón débil del que se podían aprovechar el PP y Vox para aumentar sus resultados. Sin embargo, el recuento electoral ha desmentido todas estas previsiones, y ha colocado a Ciudadanos como la tercera fuerza política de España, con un aumento de 25 diputados y diputadas, y, sobre todo, a una distancia de 0,8 puntos del PP, un resultado que nadie en las filas naranjas podía prever. Albert Rivera sale reforzado de estos comicios como el único líder de la derecha que ha mejorado sus resultados.

Ciudadanos no ha logrado la victoria en ninguna provincia, pero sí ha aumentado sus resultados en algunas de las más importantes, muchas de ellas en detrimento del PP. En Madrid, son segunda fuerza, y también en Aragón y Andalucía. En otras comunidades como Valencia se han quedado a poco de superar a la formación de Pablo Casado. Sin embargo, en Catalunya, la región en la que el partido nació y en la que obtuvo la victoria en las elecciones autonómicas de 2017, se han quedado relegados a la quinta posición, con los mismos 5 diputados que tuvo en 2016. Sin embargo, el balance es positivo para Ciudadanos y así se manifestó en el acto que la formación celebró tras conocerse los resultados. En él, Albert Rivera lamentó que no haya sido posible una alternativa a Pedro Sánchez, pero ha insistido en que su formación gobernará España algún día.

La mala fortuna de Pablo Casado ha sido la buena suerte de Albert Rivera, que ha ido mordiendo en el electorado del PP durante toda la campaña y que propinó un golpe importante a las ambiciones de Casado durante los debates electorales de la pasada semana, cuando resultó más convincente para los votantes conservadores. El resultado de estas elecciones apoya la estrategia de Rivera, que se ha ido alejando del centrismo socialdemócrata que propugnaba en los primeros años de existencia de Ciudadanos a nivel nacional para colocarse en una derecha muy crítica con el nacionalismo catalán, su bestia negra, y aliada circunstancial de Casado contra Pedro Sánchez, al que ha dedicado exabruptos y descalificaciones desde el momento mismo en que se convirtió en presidente del Gobierno. Hace un año, Rivera estaba convencido de que el presidente sería él, así lo mostraban todas las encuestas. Sin embargo, la moción de censura cambió completamente el panorama político, y el líder de Ciudadanos quedó descabalgado. Hoy, reforzado inesperadamente por los resultados electorales, Albert Rivera comienza una nueva etapa, en la que espera convertirse en el nuevo líder de la derecha española.

Pablo Iglesias pierde ganando

En la rueda de prensa de valoración de los resultados electorales, Pablo Iglesias no podía evitar mostrar su decepción. Su buena actuación en los debates de la semana pasada, unida al aparente descenso del PSOE en los sondeos, abría la esperanza a que Unidas Podemos, la coalición que une al partido de Iglesias, Izquierda Unida y Equo, pudiese alcanzar un resultado cercano a los 50 diputados. Finalmente, la suma ha alcanzado los 42 diputados, un descenso de 24 respecto a 2016, lo que convierte a la formación morada en la gran derrotada de la noche junto al PP, al menos en cuanto a resultados se refiere. Sin embargo, aun con esta bajada, la noche no ha sido ni mucho menos mala para Iglesias y los suyos, ya que la victoria socialista unida a sus 42 representantes le pone en bandeja la entrada al Gobierno.

Las mayores caídas de Unidas Podemos con respecto a los últimos comicios se han registrado principalmente en Madrid, donde pasa de segunda a cuarta fuerza, y en Catalunya, donde lograron la victoria en 2016, y en la que quedan en tercera posición en esta ocasión. La bajada también se reproduce en Euskadi, otra zona en la que fueron la lista más votada en los últimos comicios, y en la que han caído a la tercera posición, empatados a cuatro escaños con el PSE. En otras zonas, como Castilla-La Mancha, Podemos pierde en beneficio de Vox sus dos diputados, mientras que, en Baleares, se ha beneficiado de la fragmentación de la derecha para repetir la segunda posición de 2016, con 2 escaños, en una votación liderada por el PSOE.

El resultado es malo para Unidas Podemos, un partido muy dividido por las luchas internas, y que tiene una prueba de fuego dentro de menos de un mes, cuando intentarán conservar las dos principales alcaldías de España, Barcelona y Madrid, ganadas en 2015 por Ada Colau y Manuela Carmena respectivamente, y ambicionadas por la derecha y los nacionalistas. En cambio, les abre la puerta del Consejo de Ministros. En su intervención, Iglesias ha querido insistir en España como plurinacional, y no ha especificado cuáles serán los plazos de negociación para la formación de un Gobierno de coalición con los socialistas. En todo caso, en la última semana, el líder de Podemos ha dejado claro que, si su formación vota a favor de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, exigirá puestos ministeriales. Esta vez, parece poco probable que el líder socialista pueda negarse.

Vox, víctima de su propia ambición

Han sido sin duda los protagonistas de esta elección, los que han dividido la derecha y la han llevado a su peor derrota, y los que han movilizado a la izquierda para detener una posible victoria. Vox, fundado hace cinco años por diputados del PP hartos de la moderación de la línea oficial marcada por Mariano Rajoy, saltó a la actualidad en las pasadas elecciones andaluzas, en las que se aprovechó del aumento de la abstención socialista para obtener 12 escaños y abrir por primera vez las puertas del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz, a la derecha. Liderado por el exdiputado autonómico popular Santiago Abascal, Vox propugnaba un regreso a los viejos valores, la suspensión de todas las autonomías y la restauración del servicio militar obligatorio, entre otras medidas, y todos sus actos estaban llenos de gente. Esto provocó miedo entre los partidos de izquierda, y felicidad entre las filas de Vox, que era consciente de su entrada en el Congreso de los Diputados, pero que ambicionaba con hacerlo con mucha fuerza, con un número no inferior a 50 representantes. La cifra final, 24, por debajo incluso de las estimaciones de las encuestas, puede resultar decepcionante para ellos.

Indudablemente, Vox ha sido capaz de ganar mucho del voto perdido por el PP. En Madrid, han obtenido cinco diputados, en Catalunya, uno, y en Andalucía, seis. En Valencia, han entrado también con fuerza, con tres representantes, y en general han ido arañando escaños en casi todas las circunscripciones. Ha habido algunas excepciones, como Galicia, Cantabria, Euskadi o Navarra donde el partido ultraderechista no ha conseguido representación. Pese a este resultado por debajo de las mejores expectativas, Santiago Abascal ha insistido, en un discurso en la madrileña Plaza de Colón, en que su formación ha obtenido un resultado histórico, y que llega para quedarse. El líder de Vox también ha atacado con fuerza al PP, al que apoda la derechita cobarde, y a Ciudadanos.

Los 24 diputados de Vox serán los primeros pertenecientes a una formación de ultraderecha desde que Blas Piñar obtuvo un escaño por Fuerza Nueva en 1979. Se trata de una extrema derecha diferente de la de Piñar, aunque comparte con ella valores y propuestas. El resultado de Vox ha sido inferior al de otros partidos de extrema derecha europea, como la Liga Norte o el Frente Nacional, que habían mostrado su apoyo a Abascal, aunque importante. A partir de ahora, Abascal y los suyos entran en el juego político. Solamente el tiempo dirá si es flor de un día, o si, como en numerosos países europeos, la ultraderecha se convierte en un actor político más de la realidad parlamentaria española.

Crecen los nacionalistas, que podrían ser clave, y entra el PRC

En estas elecciones, ha crecido el PSOE, pero también lo han hecho los nacionalistas. En Catalunya, Esquerra Republicana se ha convertido por primera vez en la formación más votada en unas generales, con 15 escaños, seis más que en 2016. Este resultado es particularmente interesante ya que la formación liderada por Oriol Junqueras, Gabriel Rufián y Roger Torrent supera por primera vez a Junts per Catalunya, y se convierte en el principal partido independentista de la región, uno de los objetivos más importantes de ERC. Ambos fueron fundamentales para el adelanto electoral al votar en contra de los Presupuestos Generales del Estado presentados por el Gobierno, y podrían ser fundamentales para la formación de un nuevo Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez, con el que tendrán que negociar sobre qué hacer en Catalunya.

Asimismo, en Euskadi, el Partido Nacionalista Vasco ha vuelto a ser el partido más votado cuatro años después, con seis escaños. La formación, que ha presentado como candidato a Aitor Esteban, es uno de los socios preferenciales del PSOE y Podemos para formar Gobierno. Los nacionalistas vascos, que gobiernan en coalición con el PSE, que ha obtenido cuatro diputados, su mejor resultado desde 2011, ya votaron a favor de la moción de censura que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia, y podrían repetir apoyo en este caso. En Canarias, Coalición Canaria ha logrado dos representantes, uno más que en 2016. Finalmente, en Cantabria, el Partido Regionalista Cántabro (PRC), dirigido por el presidente de la región, Miguel Ángel Revilla, ha obtenido por fin un diputado, José María Mazón.

Camino a los 176

Cuando Pedro Sánchez estaba en el balcón de Ferraz celebrando su victoria y dando su discurso ante el público, los militantes y simpatizantes socialistas han mostrado claramente su opinión respecto a cuál debe ser la coalición por la que su líder se incline, al interrumpir la intervención del presidente del Gobierno con gritos de “Con Rivera, no”. El aumento de Ciudadanos provoca que una coalición entre socialistas y naranjas, bloqueada por la formación de Rivera y denunciada en la campaña por Podemos, sea matemáticamente posible, aunque los militantes han hecho patente su disconformidad con esta posibilidad.

Lo cierto es que, cerrada la posibilidad de que la derecha pueda intentar una investidura, queda claro que será Sánchez quien lidere de nuevo el Ejecutivo, y ahora, empieza la negociación para ver con qué formaciones pacta para lograr ser investido. Si, como parece, Pedro Sánchez se decanta por una coalición progresista con Podemos, la suma es corta, y se queda a 11 escaños de tener éxito, 10 si se cuenta con el apoyo del diputado de Compromís Joan Baldoví. Tampoco valdría con el apoyo del PNV y de Coalición Canaria, ya que se quedarían a dos de la mayoría absoluta. Esto haría necesario el apoyo de los nacionalistas, o en todo caso la abstención de alguno de los dos partidos catalanes. Sánchez no ha especificado cuáles serán sus acciones, aunque ha dejado claro que no desea que la gobernabilidad dependa de los independentistas.

Es por ello por lo que algunos analistas no quieren descartar un posible acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos, que sumaría 180 diputados. Esta opción es hoy por hoy imposible, ya que el partido de Albert Rivera aprobó por unanimidad no pactar con los socialistas, y el propio Rivera ha dirigido a Sánchez duros insultos y acusaciones de los que sería difícil desdecirse. Además, el buen resultado obtenido por los naranjas, que han crecido cuando se han ido a la derecha, podría provocar que Ciudadanos prefiera dar la batalla al PP para liderar la oposición a Sánchez en lugar de unirse a un Gobierno con él.

El próximo 21 de mayo, cinco días antes de la segunda cita electoral de la primavera, se celebrará la sesión constitutiva de ambas cámaras, y la elección del presidente del Congreso de los Diputados y del Senado. Para entonces, es muy probable que Pedro Sánchez tenga ya listo el acuerdo con el que lograr su investidura, aunque también es posible que los partidos prefieran esperar al resultado de las elecciones municipales, autonómicas y europeas antes de tomar una decisión. Lo único cierto a estas alturas es que España tendrá un Gobierno socialista durante los próximos cuatro años, y que la participación y la democracia han frenado a la derecha y la ultraderecha en su ascenso al poder.

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