EL CIS VUELVE A RETRATAR A LA POLÍTICA ESPAÑOLA

by Felipe Manchón Campillo

Nunca llueve a gusto de todos. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó el pasado martes el avance de su barómetro, ofreciendo una foto fija de la convulsa situación política española. El estudio sociológico muestra una inversión de las tendencias electorales, con un ligero aumento del PSOE, que supera a Podemos, hundido por sus cuitas internas, y con un liderazgo cada vez más indiscutible del PP, que sin embargo pierde parte de su renta por los escándalos de corrupción que le afectan. 

Existen dos formas de analizar los datos ofrecidos por el CIS. Por una parte, los partidos políticos pueden constatar los resultados de intención de voto y quedarse con ello. Ésta ha sido la reacción del PSOE, que ha experimentado una ligera subida, motivada por el descenso de Podemos y muy lejos en todo caso de lo que podría considerarse un buen resultado, y que lo han celebrado. La otra manera es constatar que, pese a todo, el desinterés por la política aumenta, y que el divorcio entre poder y pueblo es una realidad cada vez más palpable. Lo expresa el profundo rechazo que los partidos políticos registran. Los encuestados tal vez no sepan a quién votar, pero desde luego que saben a quién no votarían jamás. 

El nivel de valoración de los ministros es esperpéntico, siendo la mejor calificación el 3,79 de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, una puntuación que hace no tanto recibía el peor ministro del gobierno de turno. Tampoco son mejor valorados los miembros de la oposición. Por todo ello, este barómetro del CIS muestra que algo está cambiando. Solamente el tiempo dirá si es para mejor o para peor.

¿Están cambiando los tiempos?

Todos los medios han señalado lo mismo tras leer el barómetro del CIS. Desde la última oleada de datos, ha habido un cambio en la intención de voto, aunque éste ha afectado únicamente a la segunda posición. En este barómetro, todos los partidos bajan con respecto al anterior, salvo el PSOE, que sube tímidamente hasta colocarse en un 19,9% de intención de voto. Esto ha forzado el debate de si este barómetro refleja que las cosas vuelven a cambiar en la política española, o si, al contrario, no hay ningún tipo de sorpresa a la vuelta de la esquina.

(RRSS). El presidente del Gobierno Mariano Rajoy y la presidenta andaluza Susana Díaz

El PP paga la corrupción en Murcia con un descenso de punto y medio, manteniendo una previsión de voto del 31,1%. Este sondeo se hizo en plena tormenta por las peticiones de dimisión al presidente murciano Pedro Antonio Sánchez, que no tuvo otro remedio que dejar su puesto finalmente, pero antes de que las nuevas nubes de corrupción que el Caso Lezo, con la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, ha traído se ciñesen sobre ellos. Por ello, no es de extrañar que la formación gubernamental siga perdiendo votos por ello. En todo caso, es el partido más rechazado, con un 53% de opiniones en contra. 

Podemos, por su parte, también baja. Se deja por el camino dos puntos, después de que el congreso Vistalegre II desatase la guerra en el interior de la formación morada, y de que el sector oficialista defenestrase a los cercanos a Íñigo Errejón. Nadie en el partido dirigido por Pablo Iglesias parece saber cómo reconducir en el rombo, y en ningún momento, ni siquiera después de la abstención del PSOE para permitir el gobierno de Mariano Rajoy, ha logrado reforzarse como principal partido de la oposición. 

Algo no funciona

Este barómetro del CIS es el reflejo de que algo no está funcionando.

El caso del PSOE es paradójico. Envuelto en un proceso de primarias que permite atisbar un futuro de división, y dirigido desde el mes de octubre por una gestora cuya legitimidad está en duda, el partido asciende tímidamente en este sondeo, hasta situarse en un apoyo de casi un 20%. Estos datos han sido utilizados inmediatamente por la candidatura de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, a la secretaría general de la formación, afirmando que demuestra que el PSOE está recuperando apoyo sin líder, y que por tanto la estrategia de la actual dirección interina funciona. Sin embargo, la realidad es otra.

Es cierto que el PSOE ha subido en esta encuesta respecto de la anterior, pero lo es también que la formación ha sido la que más ha caído desde las elecciones de junio de 2016, concentrándose la mayor pérdida de voto en las semanas inmediatamente posteriores a la defenestración de Pedro Sánchez. La fidelidad de voto es también la más baja de los cuatro principales partidos políticos, y su actual líder, el presidente asturiano Javier Fernández, es el menos valorado entre los votantes de su propio partido. Por si fuera poco, los encuestados sitúan al partido cada vez menos a la izquierda. Por tanto, estos resultados no son buenos, pese a las celebraciones y a las interpretaciones interesadas.

En cuanto a Ciudadanos, se mantiene estable como cuarta fuerza política, con una subida de dos puntos y medio con respecto a enero. El partido dirigido por Albert Rivera no paga algunas actuaciones criticadas por los contrarios, aunque no acaba de arrancar. Pese a todo, es un buen resultado y demuestra una cierta progresión, pese al hecho indudable de que a la formación naranja le está costando engancharse a los tres de cabeza. 

Mariano Rajoy, un 3 de nota media

El descontento cada vez más generalizado con los partidos políticos provoca que las valoraciones de los líderes políticos sean muy bajas. El político más valorado es el líder de Compromís en el Congreso de los Diputados Joan Baldoví, con un 4,54 de nota media. Los siguientes, con calificaciones muy parecidas, son Xavier Domènech, de Podemos; Alberto Garzón, de Izquierda Unida; y Aitor Esteban, del PNV. Javier Fernández, líder de la gestora del PSOE, tiene una valoración de 4,12, aunque muchos reconocen no saber quién es; y los farolillos rojos son Mariano Rajoy y Francesc Homs, ambos con calificaciones por debajo del 3.

Tampoco es mucho mejor la valoración de los partidos. Las formaciones que más rechazo provocan son el PP, con un 53%; Podemos, con un 52%, y el PDeCAT, antigua Convergència Democràtica de Catalunya, con un 50,8% de opiniones contrarias. El escenario que se pinta, por tanto, no es nada halagüeño para el conjunto de la clase política. Es cierto que solamente un 20,9% de los encuestados lo considera una gran preocupación, pero el conjunto de los datos pinta un cuadro muy difícil de manejar para todos ellos, con una separación cada vez más patente entre el pueblo y los políticos.

Pesimismo económico y paro

España tiene aproximadamente 4 millones de parados registrados. El miedo a perder el trabajo y a no volver a ejercer jamás sigue siendo muy grande. El 69,6% de los encuestados así lo consideran, y el 37,4% afirman que esta preocupación les afecta personalmente. Tampoco es muy elevado el nivel de valoración de la situación económica en general. Solamente un 6% dice que ésta es buena, y un 20% señala que es muy mala. Es cierto que son mayoría los que creen que la economía seguirá igual dentro de un año, pero éste no es un buen dato, ante la percepción negativa general que ésta tiene.

(Getty Images). La cola del paro

El paro ha sido una y otra vez identificado por los españoles como el peor problema de sus vidas, y como un motivador de cambio político. En octubre de 1994, durante la última legislatura de Felipe González como presidente del Gobierno, un 84,9% de los encuestados se mostraban preocupados por el paro, muy por delante de otros problemas como la corrupción y la situación económica. El problema siguió apareciendo en las preguntas de los barómetros posteriores, con un impacto que variaba según surgían otros problemas. Sin embargo, en el último sondeo del CIS antes de las elecciones generales de 1996 dejó claro que el paro era el mayor problema para el 86% de los entrevistados.

Algo similar ocurrió una década después, en los meses previos al cambio de gobierno. El desempleo volvía a aparecer en mayo de 2003 como el mayor problema, aunque el miedo al terrorismo era muy influyente. Esta preocupación se mantuvo sin casi variaciones hasta las elecciones de marzo de 2004, vencidas por el PSOE. De todo esto puede deducirse que el paro es un problema estructural en España que se mantiene con el paso del tiempo sin que se haga nada al respecto.

Paro y corrupción problemas más importantes 

Además del paro, el último barómetro del CIS señala que la corrupción es el segundo problema más importante, con un 42% de los entrevistados que lo señalan, aunque es cierto que ésta les afecta en menor medida en su vida personal. El fraude y los escándalos de este tipo, que han derivado en detenciones casi semanales, son concebidas como una situación a cambiar, pero sin embargo, esta clara censura a estos métodos no parece repercutir en la intención de voto. El tercer problema más importante para los españoles, según este barómetro, son los problemas económicos, que afectan además personalmente a muchas personas. 

Un Gobierno bajo mínimos

Si uno echa la vista atrás a anteriores barómetros del CIS, se daría cuenta de que incluso en los peores tiempos, cuando los escándalos acechaban su presidencia, Felipe González conservaba una gran parte de apoyo, y de personas que consideraban que era un buen líder, pese a que las opiniones contrarias fuesen mayoría. Tanto fue así que el PSOE consiguió remontar en las encuestas, y quedarse solamente a medio punto del PP en las elecciones generales de 1996. Hoy, sin embargo, todo es diferente.

Solamente un 11,2% de las personas consideran que el Partido Popular está haciendo una buena gestión en el Gobierno. El 32,5% opina que está siendo regular, el 27,3% que es mala, y el 25,8% que es muy mala. La aprobación del ejecutivo dirigido por Mariano Rajoy, que a su vez recibe la calificación de un 2,9, después de 5 años en el poder no es buena. Un 47,1% de los encuestados señala que no tienen ningún tipo de confianza en la gestión gubernamental. Lejos de los objetivos.

(Flickr). El Gobierno de Mariano Rajoy

Tampoco los ministros son muy valorados. Superan el 3 cinco ministros: Soraya Sáenz de Santamaría, el ministro de Educación y portavoz Íñigo Méndez de Vigo, la ministra de Agricultura Isabel García Tejerina, el ministro de Economía Luis de Guindos, y el ministro de Fomento Íñigo de la Serna. El ministro menos valorado, por supuesto, es el responsable de Hacienda Cristóbal Montoro, con un 2,44. Sorprende además que muchos españoles desconocen quiénes son sus ministros, lo cual va en detrimento de la labor del Gobierno. 

Las lecciones del barómetro

Otros datos de interés en el barómetro del CIS son los que se refieren a la definición política de los españoles. Una mayoría de los entrevistados se debate entre dos ideologías: conservador y liberal. Los socialistas y los progresistas les siguen de cerca, y hay muchas personas que declaran que no saben lo que son. La mayoría de los españoles se sitúan, en una escala ideológica del 1 al 10, en el 5, es decir, el centro. 

En cuanto al modelo de Estado, el actual estatus autonómico sigue siendo el preferido por todos, aunque la segunda opción pasa a ser un Estado centralizado sin autonomías, y la tercera un Estado con mayor autonomía. El 85,1% de los entrevistados señala que la democracia es su sistema preferido, sobre otros posibles como la dictadura.

Como siempre, las dudas de cuál será el efecto de estos datos en la política de cada día empiezan a lanzarse. Ninguno de los 4 principales partidos puede estar satisfecho con los resultados, que muestran la carencia de cada uno. El PP tiene el problema de la corrupción, que provoca que pierda votos. El PSOE no tiene un líder claro, y además es visto cada vez menos como un partido de izquierdas. Podemos necesita un proyecto claro y lavar su imagen, ante la enorme cantidad de opiniones en contra. Ciudadanos, finalmente, experimenta una subida, pero aún no ha encontrado el caladero de votos necesario para dar el salto.

La principal lección que los políticos españoles deben sacar de este barómetro del CIS es que no deben confiarse. El apoyo de los partidos tradicionales se mantiene, pero cada vez más reducido, y la confianza de los españoles en la economía y en la política no es grande, lo cual choca con el mensaje que se lanza desde el Gobierno. Esta encuesta no parece pronosticar un cambio brusco en la política española, pero los partidos políticos pueden hacer de todo menos relajarse, porque esta situación no es predecible ni normal. Todo está en cuestión.

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