“ACEPTAMOS SOLO LO QUE NOS PERMITE HACER NEGOCIO DE LA DIVERSIDAD CULTURAL”

by Paula Gracia

“La mayor riqueza de Europa es la diversidad, aunque se convierte en un factor que puede constituir un obstáculo. Por eso, aceptamos solo lo que nos permite hacer negocio de la diversidad cultural”. Así se manifestó Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del derecho y Filosofía política  de la Universidad de Valencia, recordando las palabras de John Stuart Mill, en el debate sobre la interculturalidad de Europa celebrado el pasado 15 de junio en La Casa Encendida.

Fotografía: Paula Gracia

 

Tanto Estados Unidos como Europa tienen por lema la pluralidad (“De la diversidad, la unidad” y “Unidos en la diversidad”, respectivamente). Sin embargo, hay una gran diferencia semántica entre estos dos emblemas, pues el estadounidense supone borrar las diferencias; mientras que el europeo implica mantener y respetar las diferentes culturas. “De ahí que haya tenido que surgir el movimiento Black Lives Matter, porque su identidad reproduce solo a un tipo de persona”, sostuvo el catedrático.

LA INTERCULTURALIDAD ES UN PROYECTO, NO EXISTE UN HECHO SOCIAL

“Se ha dado el caso de que el término “interculturalidad” ha evocado un hecho, lo que es falso”, manifestaron con unanimidad los ponentes. Coincidieron en describirlo como proyecto, porque no se ha dado todavía en ningún país. Lo diferenciaron de “multiculturalidad”, porque el primero supone una convivencia de igual a igual, en el que todas las partes se benefician y no hay una cultura que sea considerada mejor; mientras que el segundo concepto hace referencia a la simple convivencia entre varias culturas, asumiendo la discriminación hacia las minorías.

“Durante nuestra historia, para mantener la homogeneidad, hemos eliminado o invisibilizado los agentes de diversidad, como pudo ser con los judíos o los arabos-musulmanes en la península mediante la expulsión del país ante la amenaza de conversión forzada; a pesar de que nos habíamos beneficiado de ellos”. Javier de Lucas ejemplificó con el mito de Babel, que presenta a la pluralidad lingüística como un obstáculo.

En la actualidad, “vivimos en el intento de demostración de superioridad cultural, como apelaba Theresa May tras los atentados de Manchester y Londres, como lo hizo Aznar, y otros casos como Sarkozy y Hollande”, argumentó el catedrático. Por otra parte, afirmó que nunca se ha escrito tanto sobre este tema, la interculturalidad: “Pero se queda solo en arte, gastronomía o música. Es importante reconocer esta parte de la cultura, pero solo aceptamos lo que somos capaces de rentabilizar, lo que no nos molesta”.

EL CASO ESPAÑOL

En cuanto al racismo en España, parece presentar una gran diferencia con otros países de Europa, en los que surgen partidos políticos que se declaran abiertamente xenófobos con gran apoyo. Paco Garrido, coordinador de CEAR Madrid, razonó que en nuestro país hay más grupúsculos sociales (como pueda ser Hogar Social Madrid), que se pueden identificar con los ideales que se propagan por el continente europeo. “El racismo español está más arraigado: los partidos políticos en campaña no llevan propuestas abiertas sobre migración y asilo por miedo a perder votos”, opinó. Begoña Blázquez Parro, activista de SOS Racismo Madrid, añadió que en España el Partido Popular aglutina a la mayoría de votos de la derecha, lo que evita que surjan otros grupos políticos con apoyo similar al de los países de nuestro entorno.

Javier de Lucas se mostró decepcionado con los nuevos gobiernos, porque “se han producido cambios, aunque sean insuficientes”. “Hablar de tolerancia es una de las más grandes falacias. Es lo que se decía en el siglo XVIII. Es un lenguaje paternalista y previo a los derechos. Ada Colau o Manuela Carmena no saben de lo que hablan. Esa gente no puede construir interculturalidad”, manifiestó.

Los próximos proyectos y retos de estas asociaciones son las de crear discurso y concienciar, además de intentar cerrar los CIE’s y demás medidas actuales que atentan contra los derechos humanos. Garrido propuso realizar una autocrítica al sector: “no somos capaces de que a la ciudadanía le importe el tema, la sala está medio vacía. ¿En qué sociedades queremos vivir si permitimos que se estén dando estas situaciones?”.

Blázquez Parro recordó que no llegan a los que son menos sensibles con el tema de los derechos humanos, “que son los que apelan a que no hay recursos para todos si llegasen tantos de fuera; no obstante, el mensaje que no llega es que se están gastando muchos millones de dinero público al año en destrozar la vida de la gente”. Puso de ejemplo los 12 millones de euros que van al año a las compañías que tienen la concesión de los vuelos para deportar inmigrantes, el negocio de la valla de Ceuta y Melilla, convenios bilaterales en África para que acepten “vuelos de cooperación” o “los CIE’s en terceros países, como los que había en Mauritania y los que continúan en Sudán del Sur”, complementó Garrido.

Deja tus comentarios

Enviar un comentario como invitado

0
terminos y condiciones.

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios