35 MILLONES DE PALABRAS MARCAN LA DIFERENCIA

by MARÍA P. BONMATÍ

EL MUNDO http://www.elmundo.es/vida-sana/familia-y-co/2018/04/09/5ac4bd25268e3e5b478b45ba.html

Los niños con un estatus socioeconómico alto escuchan de media a los 4 años 48 millones de palabras frente a los 13 de los criados en ambientes más humildes.

Cuando alguien escucha hablar sobre diferencias entre clases, probablemente piense en Karl Marx y sus teorías para erradicar las desigualdades económicas entre los distintos estratos sociales. Sin embargo, parece que ese concepto tiene una dimensión mucho más profunda que la esbozada por el prusiano, una que va más allá del nivel socio-económico. Al parecer, la diferencia entre clases influye también en la capacidad intelectual de las personas. Así lo ratifica Diferencias significativas en la experiencia cotidiana de los niños pequeños, un estudio que pone de manifiesto que los hijos de familias con un estatus económico más elevado escuchan de media, a la edad de cuatro años, 35 millones de palabras más que los criados en ambientes humildes.

El fenómeno, acuñado como La Catástrofe Temprana por los autores de la investigación, Betty Hart y Todd Riesley, defiende que los estratos sociales influyen sobre el desarrollo lingüístico del niño. "Cuando hablamos de desarrollo del lenguaje es necesario contemplar varios campos de experiencia: social, perceptivo, procesamiento, cognitivo...", explica Ana Roa, pedagoga y fundadora de Roaeducación. "El aprendizaje del lenguaje está influenciado de forma constante por la capacidad y la experiencia de quienes nos rodean", continúa la experta, que se reafirma en la teoría del estudio, "por tanto, el estrato social influye en este desarrollo".

Los autores comprobaron este fenómeno analizando 126 familias durante cuatro años. Para ello, contaron con la ayuda de varios estudiantes, los cuales pasaron una hora cada 15 días con cada una de las familias, observando la cantidad de palabras que los padres decían a los niños. Los datos arrojaron una realidad inquietante: los niños de familias con más nivel económico habían escuchado una media de 48 millones de palabras, mientras que los hijos de las familias del otro extremo escucharon 13 millones.

La explicación presenta varias respuestas posibles. A priori, se podría pensar que cada niño tiene una capacidad diferente a la hora de aprender el lenguaje, algo que Roa desmiente: "Todos los niños con un desarrollo normal adquieren su primera lengua de forma intuitiva". Por lo tanto, esta opción queda descartada. Los autores del estudio también lo hicieron, decantándose por otra. Según éstos, todos los padres actuaban de forma correcta, pero según la visión de su mundo. Las familias con más poder adquisitivo instaban a sus pequeños a desarrollar capacidades analíticas, por lo que en sus conversaciones aparecía una mayor variedad de palabras. Por otro lado, los padres con menos estatus económico enseñaban valores como encajar en el grupo y obedecer, por lo que la gama de palabras se reducía a un campo más acotado.

El problema de este punto es la segunda conclusión del estudio: el ambiente no sólo es una pieza importante para el lenguaje, también incide en las capacidades cognitivas, ya que encontraron grandes diferencias en los cocientes intelectuales de los pequeños. Así, los hijos de familias con un nivel económico más bajo presentaban una media de 75 puntos, mientras que la de los niños de estatus más elevado era de 119. Esto, según los investigadores, es la base de lo que consideran un círculo continuo de desigualdad económica, ya que La Catástrofe Temprana implica que desde la infancia se va fraguando un gran abismo entre unos y otros.

Potenciar el diálogo

José Ramón Alonso, neurocientífico y catedrático de la Universidad de Salamanca, recientemente hacía referencia a una investigación del MIT (Massachusetts Institute of Technology) que daba solución a este problema: "Lo importante no es hablar a tu hijo, sino hablar con tu hijo", escribe el profesor en su blog. Al parecer, que un niño memorice cientos de palabras de manera automática deja fuera un factor vital para el desarrollo, las interacciones sociales.

En este sentido, los juegos electrónicos que sólo enseñan vocabulario no son tan buenos como pueden parecer: "Son herramientas valiosas para la educación, pero siempre debe prevalecer la comunicación en vivo, por la gran riqueza humana que genera", expresa la pedagoga, que además aporta consejos para ayudar en el desarrollo cognitivo de los más pequeños: "Tenemos que motivarles desde la infancia para que desarrollen sus capacidades intelectuales. Debemos prestar atención y descubrir sus habilidades, para potenciar sus fortalezas".