EL EDIFICIO MÁS NAZI DE ESPAÑA ESTÁ EN UN PARQUE PERDIDO DE MADRID

by CARLOS PRIETO

EL CONFIDENCIAL  http://www.elconfidencial.com/cultura/2017-04-04/huella-tercer-reich-nazis-speer-hitler-teatro-clara-eugenia_1358679/

Columnas dóricas, vigas de 16 metros, estucos germánicos… ¿Un teatro nazi en mitad de un parque de Hortaleza? Bienvenidos a una de las grandes (y olvidadas) leyendas arquitectónicas del siglo XX español... El Teatro Clara Eugenia, actual sede de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Orcam), empezó a construirse en 1943 “inspirándose en su diseño en los modelos neoclasicistas establecidos por el arquitecto nazi Albert Speer”, según la base de datos del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM). Albert Speer fue arquitecto de cabecera de Adolf Hitler y ministro de Armamento del Tercer Reich desde 1942.

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“Se ha especulado con la posible intervención del propio maestro germano en las obras. Esta atribución se ve reforzada por la magnífica calidad constructiva del conjunto, con vigas de hormigón armado de 16 metros de luz y paredes revestidas por soberbios estucos polícromos de inequívoca raigambre germánica, aunque aparentemente fueron ejecutados por oficiales italianos”, recuerda el COAM sobre un teatro ubicado en el Jardín Isabel Clara Eugenia, en el madrileño barrio de Hortaleza.

El teatro se construyó como salón de actos del Hogar Clara Eugenia, centro para huérfanas del Auxilio Social falangista (1939) gestionado por monjas de la Caridad, en el que Carmen Polo protagonizó actos en la posguerra. “La esposa del Caudillo amadrina a varios niños acogidos en Auxilio Social que fueron bautizados ayer”, contó ‘ABC’ en abril de 1942. El antiguo Hogar Social es ahora un centro de salud mental de la Comunidad de Madrid (CAM).

La pérdida de los papeles del teatro —"Ante la falta de documentación, se suele imputar su diseño a Navarro Sanjurjo”, según el COAM— no ha ayudado a mitigar la sombra de Speer sobre el Clara Eugenia. Durante la reforma del edificio (1997-1999) para convertirlo en la sede de la Orcam, realizada por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la CAM, corrieron todo tipo de teorías sobre la autoría original: “Una monja anciana aseguraba que en su construcción había participado un arquitecto alemán”, cuenta a El Confidencial un arquitecto de la CAM implicado en la reforma.

Una monja anciana aseguraba que en su construcción participó un arquitecto alemán

Monjas ancianas, nazis, arquitectos alemanes… Suena peliculero, sí, pero hay más: “Los estucos del Clara Eugenia eran similares a los de la nueva Cancillería del Reich diseñada por Speer; además, el teatro se parece mucho a uno que proyectó Speer en Berlín y no se llegó a construir”, añade el arquitecto.

Que Albert Speer tuviera tiempo para participar en la construcción de un edificio de la Falange en Hortaleza en plena II Guerra Mundial es más que dudoso, lo que no quita para que el Teatro Clara Eugenia sea el ejemplo más evidente (y poco conocido) de la fascinación por la arquitectura nazi de un sector del 'establishment' franquista. Fascinación que no siempre se plasmó en edificios tan ‘speerianos’ como el Clara Eugenia debido a la precaria (en lo económico) y confusa (en lo cultural) situación del régimen (y del país) acabada la Guerra Civil. Fascinación que el propio Speer, inspector general de Obras Públicas del Tercer Reich (1933), se encargaría de alimentar personalmente.

Speer en España

El 6 de mayo de 1942, Francisco Franco inauguró la exposición ’Arquitectura alemana moderna’ en el Palacio de Cristal del Retiro, comisariada por Albert Speer. El acto fue portada en todos los grandes periódicos españoles. “Alemania presenta en Madrid la más acabada muestra de su profundo, grandioso y penetrante sentido arquitectónico y de las realizaciones que se deben al Führer y al gran profesor, hoy ministro del Reich, Albert Speer”, aseguraba la crónica del ‘ABC’.

LA ALEMANIA DEL FÜHRER HA CONSEGUIDO CREAR UN NUEVO ESTILO ARQUITECTÓNICO... CLARO TESTIMONIO DE UNA FORTALEZA ESPIRITUAL

“La Alemania del Führer ha conseguido crear un nuevo estilo arquitectónico reclinado en las formas clásicas en que todos los pormenores obedecen a una consigna de utilidad a la que siempre acompañaba la grandeza de la concepción. La arquitectura refleja el espíritu de los pueblos. Y esta muestra de la moderna arquitectura alemana… constituye la plasmación de una potencia creadora y un claro testimonio de una fortaleza espiritual”, resumía ‘El Alcázar’ en primera página.

La muestra viajaría meses después (octubre del 42) a Barcelona, donde se convertiría en la más exitosa de los años de II Guerra Mundial, según un artículo de Francesc Villanova, profesor titular de Historia Contemporánea de la UAB.

Speer no asistió a las inauguraciones de sus exposiciones en Madrid y Barcelona —dato: en febrero de 1942 había sido nombrado ministro de Armamento—, pero sí a la de Lisboa unos meses antes, en noviembre de 1941, previo paso por varias ciudades españolas. “Ha llegado a España, de paso para Portugal, el inspector general de Arquitectura de la capital del Reich, profesor Speer, acompañado de alguno de sus colaboradores… aprovecha su viaje a través de España para visitar algunos de los célebres castillos, monasterios y catedrales de nuestro país”, aseguraba la nota reproducida en periódicos como ‘ABC’ y ‘El Alcázar’. La siguiente noticia se publicó tres días después (07-11-1941), tras su visita al Monasterio de Guadalupe (Cáceres), donde “elogió sus tesoros artísticos y el conjunto que ofrece el claustro mudéjar con su templete”.

EPIFANÍA ESCURIALENSE

Pero los detalles más jugosos del ‘tour’ español de Speer los conocemos por su biografía —‘Albert Speer, Memorias’ (Acantilado)—. Acabada la guerra, le cayeron 20 años de cárcel en los Juicios de Nuremberg, tiempo que aprovechó para escribir sus memorias, publicadas en 1970. “El último de los viajes artísticos que efectué durante un cuarto de siglo me llevó a Lisboa... En principio, estaba previsto que hiciera el viaje en el avión de Hitler, pero cuando algunos borrachines de su entorno, como el fotógrafo Hoffman y el asistente Schaub, quisieron participar en él, dije a Hitler que haría el viaje en mi automóvil y me los quité de encima”, escribe un Speer que, al llegar a España, tuvo una epifanía mística/arquitectónica en el Monasterio de El Escorial.

“Vi antiguas ciudades como Burgos, Toledo y Salamanca. También hice una visita a El Escorial, cuyo palacio tiene unas dimensiones comparables al de Hitler, aunque su objetivo es muy distinto, de índole espiritual: Felipe II rodeó con un convento el núcleo de su palacio. ¡Qué diferencia respecto a las ideas arquitectónicas de Hitler! La claridad y la austeridad extremas presidían esta edificación, y las majestuosas estancias interiores tenían unas formas insuperablemente contenidas, mientras que en el palacio de Hitler regían la ostentación y el exceso. Es indudable que aquella creación casi melancólica del arquitecto Juan de Herrera cuadraba mejor con la siniestra situación en que nos encontrábamos que el triunfal arte programático de Hitler. En aquellas horas de solitaria contemplación, entreví por primera vez que mis ideales arquitectónicos me habían conducido por un camino equivocado”, escribe el arquitecto favorito de Hitler.

No hubo una arquitectura franquista, pero sí arquitectos franquistas, muchísimos

La declaración de amor de Speer al estilo herreriano esconde una jugosa paradoja. Los contradictorios intentos del franquismo por buscar un estilo arquitectónico propio —a imagen y semejanza de Italia y Alemania— consistieron más en copiar a Herrera —o el clasicismo imperial español reinventado como pastiche historicista— que en copiar a Speer… Para jolgorio del propio Speer, como demuestra la siguiente anécdota sobre la construcción del Cuartel General del Ejército del Aire en Moncloa: el arquitecto Luis Gutiérrez Soto diseñó una planta y dos fachadas distintas para el edificio; una más alemana (esvásticas incluidas) y otra más herreriana/escurialense. Las autoridades españolas mostraron las fachadas a Speer para conocer su opinión. ¿Su favorita contra todo pronóstico? La escurialense; ni esvásticas ni leches. El intento de la arquitectura franquista de adelantar por la derecha a la arquitectura nazi iba a ser infructuoso...

El episodio nos lo cuenta Carlos Sambricio, catedrático de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo en la ETS de Arquitectura de Madrid. “El problema de la arquitectura del franquismo es que no hubo directrices, nadie sabía lo que hacer, estaban perdidos. No hay un estilo arquitectónico fascista español. Hay 20 estilos diferentes. En España, todos querían ser fascistas, pero no sabían cómo”, cuenta Sambricio vía telefónica desde EEUU.

Sambricio recuerda otra anécdota para ilustrar el caos arquitectónico franquista. “A Gutiérrez Soto le encargan el Mercado de Mayoristas de Málaga en los primeros meses del 36. Cuando está a punto de acabar el proyecto, estalla la guerra, y tiene que improvisar una solución para que el edificio —racionalista— se convierta en franquista. ¿Que qué hace? No toca nada, pero coloca en la fachada un gran escudo con el yugo y las flechas y los mensajes ‘Franco, Franco, Franco’ y '¡Arriba España!’… y a correr. Pues así con todo”.

Dice Sambricio que el franquismo salido de la guerra era tan pobre que “no le daba para imitar a Speer”. Y quien dice pobre, dice en ruinas. Entre 1940 y 1944, se edificaron 4.198 viviendas nuevas en Madrid; un número ridículo dado que en 1940 la mitad de sus 800.000 habitantes "vivía en cuevas, chozas o chabolas”, según datos de un artículo de Sambricio.

El franquismo fue un golpe de Estado sin ideología. El nacionalsocialismo es el mismo hasta el último minuto, el franquismo evoluciona

“Madrid no se empezó a reconstruir hasta 1949, y tuvo su lógica: el poco dinero que había se gastó en el campo porque era necesario dar de comer a las ciudades. Madrid estaba totalmente destruida; plantear la influencia de Speer sobre la arquitectura española en este contexto... España era un país de muertos en el que no había dónde caerse muerto. Sí, hay fotos de la Gran Vía engalanada con esvásticas. Y sí, España era un país terrible, pero Speer era un hombre de cultura nacionalsocialista y en España no sabían lo que era eso ni en broma. Lees la literatura de la Falange y es de una pobreza... Aquí se limitaban a gritar ‘¡Viva España!’ y poco más. Los alemanes estaban locos, en efecto, pero había una reflexión detrás”, afirma Sambricio, autor de ensayos de referencia como 'Madrid, vivienda y urbanismo. 1900-1969' (AKAL).

“El franquismo fue un golpe de Estado asesino, pero no tenía ideología. El nacionalsocialismo es el mismo hasta el último minuto, pero el franquismo evoluciona: en 1939, te pegaban un tiro en la nuca; en 1949, te caían 20 años de cárcel; en 1969, cuatro, y en 1972, 200.000 pesetas de multa. Los alemanes no, los alemanes mataban lo mismo al principio, a mitad y al final del nazismo. Lo que quiero decir es que no hubo una arquitectura franquista, sino arquitectos franquistas, muchísimos, aunque actuaron sin saber lo que tenían que hacer. Todos reclamaban consignas, porque querían llevarse bien con el régimen, pero el franquismo fue incapaz de proporcionarles consigna alguna”, zanja Sambricio.