"LOS MASONES NO SOMOS MÁS QUE SERES LIBRES QUE ACTUAMOS SEGÚN NUESTRA CONCIENCIA"

by Irene Monmeneu

“A  las tenidas masónicas no vamos a pasarlo mal, también nos gusta escuchar flamenco”

“La gente tiene una idea equivocada sobre qué va todo esto. A las tenidas (reuniones "a puerta cerrada masónicas”) no vamos a pasarlo mal, en ellas nos gusta escuchar música de todo tipo, incluido flamenco”, afirma convencida la Hermana Oradora de la Gran Logia Femenina de España durante el acto conmemorativo de los 300 años de la Fundación de la Masonería que ha tenido lugar en el Ateneo de Madrid y que contó con la intervención del Presidente de la institución, César Navarro. Las Hermanas de la Gran Logia Femenina de España describieron  con pasión de un camino de vida que han elegido para, afirman, “ser cada día humanamente mejores”, y no pueden contener la emoción al referirse a sus predecesores: “Para un masón, leer y hablar sobre otros masones es sentirse el último eslabón de una cadena casi mística, y eso conmueve”, asegura la Hermana Algarabert. 

Organizado por Ágora, Agrupación para el Diálogo del  Ateneo de Madrid, el acto tal y como se puso de manifiesto en las diferentes intervenciones que tuvieron lugar, el estudio simbólico y el proyecto humanista son los componentes principales de este grupo de mujeres.  Pero la Francmasonería,  en palabras de la Hermana Presidente, va más allá de todo tipo de prejuicio, “el masón está llamado a aportar su propia perspectiva a fin de ampliar el contexto de las estructuras existentes, en bien de la Humanidad”.

El Ateneo de Madrid es el claro reflejo de los valores masónicos, según su cuatro veces electo presidente César Navarro. La institución, que cuenta ya con 200 años de historia, recoge toda la cultura de España y es en sí mismo representante de las divisas que hace suya la Francmasonería Universal: libertad, igualdad, fraternidad, tolerancia y laicidad. Además, como asegura Navarro: “El Ateneo fue una forma adelantada de la toma de poder de la mujer en la vida política y, en última instancia, en la masonería”.

 “La masonería transforma el plomo de nuestras pasiones en oro espiritual”, asegura la Hermana Ávila, que presentó una ponencia sobre la historia de la tradición masónica y los peligros que la acecharon desde su nacimiento para conmemorar el III centenario de la creación de la masonería moderna. Encuentra sus orígenes en los misterios antiguos de las civilizaciones politeístas y ha pasado por distintas etapas hasta devenir la masonería especulativa que es hoy: un ejercicio de autodesarrollo en el que se sobrepasan los límites de la zona de confort de cada uno para el perfeccionamiento interno.

“Franco llamó a nuestras puertas dos veces. Su padre y su hermano eran masones”

Los intervinientes en el acto destacaron que la masonería moderna nace de la mano de los Humanistas del siglo XVIII que se afanan en buscar puntos de unión entre las personas más allá de las guerras que tenían lugar en toda Europa Occidental. No obstante, va a encontrar enemigos desde el momento de su creación. Desde sus inicios fue perseguida por la Inquisición y acusada culpable de la caída de las monarquías absolutas del Antiguo Régimen. La llamada Opus Diaboli por el Papa León XIII mantuvo una tensión constante con la Iglesia Católica hasta día de hoy: “Todavía estamos excomulgados los masones. Ahora, con el Papa Francisco, sin embargo, parece que se alumbra un camino de buenas relaciones con la Iglesia”, asegura la Hermana Ávila.

 La Edad de Oro de la masonería tuvo lugar entre 1868, con la revolución La Gloriosa hasta la II República, pues además de existir plena libertad para su existencia, un gran número de diputados y líderes políticos eran masones, así como figuras notables de la cultura y la ciencia: Figueras, Pi i Margall, Salmerón, Ramón y Cajal… La Guerra Civil y la posguerra acabaron con  la masonería, aunque, según se puso de manifiesto, los datos que se conocen no son fiables: “Al comienzo de la guerra éramos registrados 2500 Hermanos. Algunos historiadores han cifrado casi 50.000 masones. Claro, era una excusa cómoda para quitarse de en medio a quienes no hicieran mucha gracia al régimen”, asegura una Hermana Colaboradora. Las Hermanas de la Gran Logia Femenina de España tienen clara la "manía persecutoria del Caudillo". “Franco llamó a nuestras puertas dos veces. Su padre y su hermano eran masones, y por eso nos cogió tanta manía. En realidad sólo sentía envidia”, afirman

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