LA ESFERA FANTASMA

by BEATRIZ CONEJO
Hace algunos años se quiso construir un monumento tan importante como la Torre Eiffel o el Atomiun en nuestro país. El proyecto fue realizado por el escultor Rafael Trènor y el ingeniero de caminos José Antonio Fernández Ordóñez, en los años ochenta. Consistía en un enorme astrolabio esférico de 92 metros de altura y 7.000 toneladas de peso, en el que quedaba representado el orbe. Con un monumento de esas características, no sólo se pretendía que la gente le hiciera una foto y se marchase, sino que iban a instalar un sistema de escaleras mecánicas y ascensores que facilitaban el desplazamiento por su interior, y estaba previsto que tuviera efectos lumínicos y sonoros especiales para que la visita fuera impactante.

 

La esfera armilar persigue recrear el paralelismo entre los viajes a través del océano en 1492 y la perspectiva de los descubrimientos espaciales en una representación de la tierra, los planetas y las constelaciones.

En primer lugar se quiso instalar en Sevilla en la isla de la Cartuja, a modo de hito visual, que sirviese de emblema de la Exposición Universal de 1992. 

SEVILLA NO QUISO

La capital andaluza rechazó la construcción, así que la Sociedad Estatal del Quinto Centenario y la cooperativa PSV (Promoción Social de la Vivienda) vinculada al sindicato UGT, firmaron un acuerdo para construirla en Madrid, en el polígono de Valdebernardo, en el contexto de una importante operación urbanística. Se trata de una zona situada a quince minutos del centro de Madrid en coche y bien comunicada en transporte público. En esa época, todo el barrio, al igual que la Esfera Armilar, era un proyecto y como en todo proyecto, se pensaba a lo grande. Mucha gente se dio cuenta de las grandes oportunidades que les daba el lugar e hicieron grandes inversiones en las 5400 viviendas sociales baratas que iba a construir la PSV utilizando las primeras entregas de los cooperativistas en su plan de expansión para financiar los proyectos integrados. 

Dentro de toda esta iniciativa, se contemplaba la realización de un parque de 80.000 metros cuadrados de superficie. Era aquí donde iban a instalar el monumento junto con diferentes espacios culturales y recreativos, tales como un Museo del Espacio, un teatro interactivo o un lago preparado para la práctica de deportes náuticos. Para ubicarnos, parte de esa extensión está ocupada actualmente por Faunia y por el Parque de Valdebernardo. 

La sociedad Quinto Centenario obtendría durante 10 o 15 años todos los derechos de explotación. Una vez recuperada la inversión del proyecto, el monumento pasaría, según la Sociedad Estatal "al pueblo de Madrid, a través de sus instituciones", sin precisar si el futuro titular sería el Ayuntamiento o la Comunidad. 

Entre otras localizaciones, los promotores propusieron la posibilidad de erigir el monumento en los solares de Renfe cercanos a la estación de Atocha, aunque finalmente quedaron descartadas en favor de Valdebernardo. La preferencia por terrenos que no fueran de titularidad municipal es una buena demostración del escaso interés del Ayuntamiento de Madrid hacia el monumento.

UNA PRIMERA PIEDRA DESLUCIDA

Incluso el 17 de junio de 1991 llegó a ponerse la primera piedra. Pero en este momento, ya se vió que el proyecto no iba a llegar a buen puerto. La Reina emérita no fue. La primera piedra de la Esfera Armilar no la puso doña Sofía, y como si fueran fichas de dominó, las excusas de las principales autoridades fueron cayendo en el teléfono de Carlos Sotos, gerente de la PSV, a medida que se ratificaba la ausencia de la que fuera Reina en ese momento. Ni el que todavía era alcalde de Madrid, Agustín Rodríguez Sahagún, ni el que había sido elegido, José María Álvarez del Manzano, ni siquiera el socialista Joaquín Leguina se dignaron a salir en la foto. El único ministro que anunció su asistencia, Javier Solana, de Educación, tampoco apareció. 

Finalmente, con el estallido de la crisis de 1992 y con el cambio de partido en el Ayuntamiento de Madrid, el proyecto de la Esfera Armilar se quedó sin financiación estatal, es decir, sin los dos millones de pesetas que debía aportar. El Ayuntamiento consideró que la falta de liquidez de la PSV ponía en peligro la viabilidad de las promociones que la cooperativa iba a desarrollar en suelo otorgado por el anterior ayuntamiento, en oferta pública. Pese a ello, la PSV decidió seguir adelante, asumiendo en solitario los costes de construcción, cifrados en casi 7.000 millones de pesetas. 

El pánico a una estafa provocó la retirada de gran parte de los cooperativistas, que reclamaron el dinero entregado hasta ese momento. El ayuntamiento de Madrid facilitó y apoyó la segregación de los cooperativistas, reteniendo el suelo y otorgándoselo a otras cooperativas privadas y solicitado la devolución del dinero entregado hasta ese momento. Por tanto, la UGT se quedó sola ante la falta de liquidez de la Cooperativa a la que había apoyado. Tuvo que hipotecar su patrimonio histórico recién recuperado (entre otros, la sede de Avda. de América) y consiguió un préstamo de ICO que impedía su hundimiento definitivo. Un lastre que, seguramente, todavía hoy puede explicar algunas cesiones y silencios por parte de este sindicato en la negociación con la patronal y gobierno. 

Todo se quedó en meras expectativas cuando, en 1994, la cooperativa de viviendas tuvo que ser intervenida, acusada de fraude inmobiliario. 

AFECTADA POR LA ESTAFA DE PSV

“El 17 de enero de 1994, alrededor de un millar de afectados, pertenecientes a la promoción de Valdebernardo, presentaron una querella criminal por estafa y el 24 de febrero otro grupo de 64 cooperativistas acusaron a Sotos de apropiación indebida ante la Audiencia Nacional. Como consecuencia de esta segunda querella, desde el 20 al 28 de junio Carlos Sotos prestó declaración ante el titular del Juzgado número tres de la Audiencia Nacional, el juez Miguel Moreiras. En estas comparecencias, Sotos afirmó desconocer el destino del dinero aportado por los cooperativistas para la construcción de las viviendas y fue incapaz de justificar el desvío de los miles de millones que a lo largo del año 1991 ingresaron los socios de PSV en una cuenta corriente de Cajamadrid, cuyo saldo, meses después, apenas superaba los ocho millones y medio de pesetas. El 29 de junio de 1994, tras ocho jornadas consecutivas de declaración, el juez Moreiras ordenó a Carlos Sotos el ingreso en la prisión de Carabanchel, acusado de estafa y apropiación indebida. El 26 de julio de 1995, el Tribunal Constitucional aceptó el recurso de amparo presentado por sus abogados y decretó su libertad condicional. La decisión del Alto Tribunal se producía después de que Moreiras y la propia Audiencia Nacional confirmaran en dos ocasiones la prisión preventiva de Sotos por considerar que la alarma social y la existencia de un peligro de fuga justificaban su permanencia en la cárcel. 4 Al día siguiente, el juez Moreiras le impuso una fianza de 30 millones de pesetas por recobrar la libertad. Pese a que Sotos informó que no disponía de esa cantidad, el 28 de julio salió de la prisión gracias a la ayuda económica que le facilitaron unos amigos.” 

TERCER INTENTO 

En 1997 el proyecto de la esfera reaparece, esta vez en Valencia, cuyo Ayuntamiento está dispuesto a instalar la escultura en el Parque de Cabecera. Se encarga el proyecto definitivo a los autores del diseño, que iban a percibir por ello 270 millones de pesetas, pero terminan en los tribunales con la promotora, paralizándose de nuevo la construcción. 

A continuación empieza una serie interminable de conflictos de diferentes tipos, que han llegado hasta nuestros días. 

En primer lugar está la cuestión sobre la ubicación del monumento. Del Parque de Cabecera, donde se preveía inicialmente, pasa al Parque Central, como deseaba la exalcaldesa, recientemente fallecida, Rita Barberá, pero con la oposición de los vecinos de la zona. La oposición la argumentaban con el insuficiente espacio verde que iba a quedar y que llevaban reivindicando desde hace años. 

Desde entonces se barajaron hasta cuatro posibles emplazamientos, siendo el del Parque Central el defendido por el Ayuntamiento, así como por la Generalitat Valenciana, que en 2004 quiso que la escultura se convirtiera en el emblema de la Copa América, lo que tampoco fue posible. 

PROBLEMAS DE DERECHOS

Por otro lado, está el problema de saber quiénes son ahora los titulares de los derechos de propiedad de la esfera, ya que no está claro si son los herederos de José Antonio Fernández Ordóñez (fallecido el 3 de enero de 2000) o la Generalitat. Por esta razón, el proyecto se detuvo de nuevo. 

El conflicto salió a relucir cuando Gerardo Camps, en una comparecencia en la Comisión Parlamentaria de Coordinación, Organización y Régimen de las Instituciones de la Generalitat explicó la situación y las expectativas. Comentó que se encomendó el proyecto a la Sociedad Proyectos Temáticos y que se planteó la constitución de una fundación con los implicados en su ejecución. 

En un principio, el Ayuntamiento se encargaba de ceder los terrenos, la Sociedad de proyectos Temáticos los estudios técnicos y la empresa Nou Campanar tenía que conseguir los derechos de propiedad que tenía desde 1997 el creador de la Esfera, Rafael Trénor, para ponerse al frente de la construcción y explotación de la misma. El pleno municipal aceptó la propuesta de Nou Campanar así que, el plazo para la redacción se establecía en 12 meses a partir de la firma del contrato con los autores y con ello la cesión de los derechos de propiedad intelectual y patentes a favor del Ayuntamiento.

Sin embargo, la fundación no llegó a constituirse porque los derechos de propiedad intelectual sobre el proyecto, atribuidos en un principio sólo a Trénor, podrían estar en manos de los herederos de Fernández Ordóñez. 

Y entre todo esto, se mete la política de por medio, entorpeciendo de nuevo el proyecto, sobre todo porque el Ayuntamiento y la Generalitat eran de distinto partido que el gobierno central . Gerardo Camps también insinuó que el retraso en la construcción del hito de acero se debía a que el Ministerio de Fomento no ejecutó el soterramiento del cinturón ferroviario, que liberaría el suelo para el Parque Central. 

Entre las noticias curiosas alrededor de la cuestión destaca que la esfera armilar podría llevar incorporada en todo lo alto una antena de telecomunicaciones.

CONDENADA AL ABANDONO

A fecha de hoy, el proyecto -valorado ahora en 50 ó 60 millones de euros- parece nuevamente condenado al abandono. Igual que la crisis de 1992 paralizó el proyecto en Madrid, la crisis de 2007 ha paralizado la construcción de la Esfera en Valencia. 

La esfera armilar es un antiguo instrumento empleado hasta el año 1.600 que servía para determinar las coordenadas celestes de los astros. Se cree que fue inventada hacia el año 255 a.C. por el astrónomo griego Erastótenes. 

Estaba construida por un cierto número de círculos (de donde viene su nombre latino “armilla”, que significa brazalete) insertos el uno en el otro, representando el ecuador celeste, la eclíptica, el horizonte, el zodiaco, etc, de tal manera que una vez dirigida hacia una estrella, se podían leer sus coordenadas celestes sobre unas escalas graduadas. 

Las esferas armilares fueron utilizadas por los astrónomos árabes, por Hiparlo y Ptolomeo, y durante los siglos XV y XVI tuvieron un gran desarrollo.

Deja tus comentarios

Enviar un comentario como invitado

0
terminos y condiciones.

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios