SPIELBERG REALIZA UN ALEGATO A FAVOR DE LA PRENSA LIBRE EN "LOS PAPELES DEL PENTÁGONO"

La película “Los papeles del Pentágono”, de Steven Spielberg, en la que se narra el descubrimiento de un informe secreto realizado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos respecto de la guerra de Vietnam, y su posterior publicación en “The Washington Post”, fue preestrenada en la mañana del 17 de enero en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. En ella, su director ha querido hacer una reivindicación a favor de la libertad de prensa como elemento básico para el funcionamiento de la democracia.

Dos de los actores más importantes de las últimas décadas, Meryl Streep y Tom Hanks, dan vida a los dos protagonistas de la cinta, Kay Graham, presidenta del “Washington Post”, y Ben Bradlee, editor del diario. En la pantalla, ambos actores se dan perfectamente la contraparte, haciendo muy creíbles las dudas que el personaje de Meryl Streep tenía sobre la legalidad de la publicación de los Papeles del Pentágono, y la determinación de Bradlee, que quería que los documentos saliesen en cualquier caso, a pesar de las amenazas de la administración Nixon. Sin ser la actuación de su vida, Streep y Hanks capturan la atención del público y la mantienen durante las dos horas que dura la película.

En “Los papeles del Pentágono”, Spielberg captura fidedignamente el ambiente de la redacción del “Washington Post”, que en 1971, año en que se produjeron los hechos, no tenía la proyección nacional que tiene ahora, y el debate interno entre periodistas y accionistas sobre el precio que corrían al publicar una información clasificada que tenía implicaciones para la seguridad nacional, pero cuyo contenido afectaba al interés general. Al final de la película, la periodista Meg Greenfield, protagonizado por Carrie Coon, repite el alegato final del juez que instruyó el caso en el Tribunal Supremo. “La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes. El poder del Gobierno para censurar a la prensa fue abolida, para que la prensa pudiese censurar siempre al Gobierno” escribió el juez Hugo Black en su sentencia.

El arquitecto de la guerra

La película pone además el acento en la figura de Robert McNamara, secretario de Defensa con Kennedy y Johnson, y apodado “el arquitecto de la guerra”. McNamara, cuyo papel es representado por Bruce Greenwood, viajó en numerosas ocasiones durante su largo mandato a Vietnam, y allí estudió la situación en el terreno para dirigir posteriormente los cambios necesarios en la estrategia bélica. Según varios autores, McNamara jamás creyó en el éxito de la guerra, y, durante la administración Kennedy, no apoyó las opiniones de otros miembros del gabinete que pedían intervenir en Vietnam. Sin embargo, el juicio histórico que recibe no es beneficioso, puesto que no detuvo la guerra cuando pudo, como muestran los Papeles del Pentágono.

Ben Bradlee y Kay Graham tendrían poco tiempo después un papel fundamental en otro escándalo de magnitudes aún más grandes, el Watergate, que acabó por llevarse por delante al presidente Richard Nixon, hasta la fecha el único que ha dimitido de su puesto en la historia de su país. De hecho, la película termina con el descubrimiento del espionaje al Partido Demócrata en el complejo Watergate de Washington. La reflexión que se puede extraer de esta película es que, por encima de todo el poder y de las presiones, está el derecho del público a saber. Eso lo tuvieron claro Bradlee, Graham y su equipo cuando, frente a todo y frente a todos, decidieron publicar los Papeles del Pentágono.

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