Columna literaria "Esencia humana" XXI

La Clef de champs

Estimada Nerea Domínguez, editora de Infoactualidad:

Aprovechando la oportunidad de saludarte, me permito explicar lo que en esta ocasión te remito para que sea publicado en mi columna semanal “Esencia humana”. Bien sabes que soy historiador de profesión y podrás suponer que mis inquietudes académicas me impiden poner un pie en cualquier lugar sin preguntarme por las personas que han estado en él antes que yo. Te cuento, pues, que en días recientes me sumergí en el archivo histórico del Museo Thyssen-Bornemisza y, tras dos horas de hurgar entre fojas antiguas, di con un documento que cautivó poderosamente mi atención: se trata de un texto escrito a lo largo de 14 papeletas de quejas y sugerencias firmado por nadie menos que Rómulo Linares. Sí: el ilustre viajero y escritor mexicano, autor de la famosa novela satírica Los engañados, también de sobra conocido por su parentesco con el ensayista Jorge Luis Vasconcelos.

Elik G. Troconis
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"Esencia humana" XIX

 

El minero

A las dos de la tarde camino por Arenal en dirección a la Plaza de Oriente. Dejo atrás metro Ópera y la estatua de Isabel II. Entro por Carlos III y, con el Teatro Real a mi derecha, veo que hace tan buen día, que los madrileños, los chulos, han salido a disfrutar esta tarde que les regala el imprevisible invierno. Los pastos que rodean la Plaza rumbo al Palacio están todos cubiertos por amigos, novios o lectores que disfrutan un momento de tranquilidad. Los niños pasean sin darse cuenta por las jardineras donde está prohibido el paso mientras sueltan risas inocentes. Las bancas alrededor están ocupadas por parejas que ya trabajaron toda su vida; casi no hablan. ¿De qué podrían conversar después de tantos años y de saber tanto del otro?

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia humana" XIX

 

 

 

 

Sí llego (Segunda parte)

Tenía que llegar a casa pronto, antes de que aquello terminara regado por todas partes. En ese momento odió la vida nocturna de Madrid y cada una de sus tabernas. Maldijo todas las cañas que había bebido hasta entonces y quiso vomitar los cientos de pinchos que había comido en El Tigre y tantos otros sitios. Lamentó que a pesar de ser una capital, Madrid aún tuviera el espíritu de un pueblo. ¿Por qué tanta calma? Arremetió con cuantas groserías pudo contra la pereza de sus habitantes, unos verdaderos chulos.

Elik G. Troconis
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Columna literaria "Esencia humana" XVIII

 

 

 

 

Sí llego (Primera Parte)

Historias tan terribles como ésta me hacen pensar que Madrid no es el mejor lugar para vivir; que no es, en realidad, un buen lugar para vivir. Aquello se debe a que sus más bellas virtudes pueden provocar, paradójicamente, las peores tragedias. Esto es lo que le sucedió al amigo de un amigo, extranjero él, hará unos cuatro o cinco días (no me lo dijo con exactitud ni tampoco me atreví a preguntárselo por temor a vulnerar su intimidad).

Elik G. Troconis
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